FENRIR

Juan Diego Kammler

Un pelaje basto surge de mi cuerpo,
he nacido sobre la fría luna.
​Un mundo mágico me rodea,
corro tan fuerte y feliz en pasillos dorados,
pero siento la penumbra.

He crecido...
estas manos se vuelven garras,
pues ha crecido la humanidad, causante de tantas jaulas.

Estoy rodeado de lo que creí que pertenecía,
y miradas se dirigen a mí;
me ven, me sienten,
y observo... amargura frecuente,
estoy quieto y confundido.
¿Dónde he nacido? ¿el sol y la luna?

​Escucho su miedo.
Un murmullo de seda que se viste de ley,
de coronas que tiemblan ante mi tamaño,
de reyes que temen a lo que no pueden someter.

Ayer me alimentaban en la mesa de la vida,
hoy miden la sombra que proyecta mi ser y, tristemente, la hiel.

Inventaron el juego para acorralarme,
pidiendo confianza con la sonrisa intacta,
una cinta ligera, aprisionante al aliento, al viento,
acariciando suave la máscara, la trampa.

Puse mi fe, fue inocente, en las manos del sabio,
acepté el desafío por ser parte de un bien imaginado,
y la seda apretó hasta cortar mi garganta
mientras sus risas de oro resonaban en el cielo.

Atravesaron mi boca con una espada de hierro.
Muté de golpe la voz entre saliva y sangre,
y lagos de tinta crecieron;
de brocha sirvió el pelaje.

​Dejándome atado a la piedra desnuda,
un secreto estorboso, un estorbo que arde,
soportando inviernos con los ojos abiertos,
viendo pudrirse las flores en las que deposité arte.
Sabiendo que la verdadera monstruosidad
no era mi carne, sino sus almas de piedra, qué se han hecho en instantes.

​Creí alimentar odio durante eras enteras, carne viva de mi propio dolor.
Aprendí que la justicia es el disfraz del cobarde
y que la luz de sus salas se sostiene con mi opresión.

No soy la criatura que eligió el abismo:
soy la criatura que al poder le encontro amor,
un amor que no le demostraron,
amor que él fabricó.

El suelo se agrieta, las rocas ceden,
el nudo de seda por fin reventó.
​No intento pedir que entiendan mi pena,
ni voy a buscar el amor que un reino me negó.

Vengo a abrir las fauces de la tierra al firmamento,
a tragarme la mentira que inventaron, más allá del invierno.

​No sé esconderme, el orden es corrupto.
Crecí y ahora parezco lobo, y lo soy;
aunque piensen que soy malo
no necesito estar oculto,
porque nunca oculté mi corazón,
ni aunque intentaran pudrirlo entre dioses y humanos corrompidos.

Devoraré el sol, apagaré el cielo
porque son falsos, ellos lo crearon
con bellos contrastes,
son un desastre si sabes observarlos cuando exista su entierro.

Y cuando el universo quede a oscuras y en silencio,
sabrán que no los mató la rabia de una bestia...
los mató la consecuencia de todo lo que hicieron absoluto.




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