Entre un latido y el siguiente habita la paradoja de quererte.

Alejandro

Entre un latido y el siguiente habita la paradoja de quererte.

Intenté sacar de mi cabeza lo que jamás ha querido abandonar mi corazón, ese que atesora nuestros recuerdos, porque en cada uno de ellos estás tú: la persona que habita el espacio entre un latido y el siguiente, en ese pequeño silencio donde parece existir el universo entero. Allí guardé tu sonrisa, porque tiene la extraña capacidad de hacerme olvidar esa costumbre tan humana de aferrarme únicamente a lo malo; allí quedaron grabados tus ojos, porque le recuerdan a mi alma que no nació solo para mantenerme con vida, sino también para contemplar aquello que la conmueve; y, sobre todo, abracé tu aroma, pues permanece impregnado en mi esencia desde hace ya mucho tiempo. Sabes, no te necesito. No eres el aire que respiro ni el agua que me sostiene, tampoco eres mi refugio para seguir existiendo o la razón por la que despierto cada mañana; entonces, ¿por qué? ¿Por qué no consigo alejarme? ¿Por qué mi mirada insiste en buscarte incluso cuando no estás? ¿Por qué cada latido parece escribir tu nombre sin que yo se lo pida? ¿Por qué es en ti donde descansa esa dulzura que ilumina mis noches y le da calma a mi espíritu? No me pidas una explicación, amada mía, ni intentes encontrarle lógica a aquello que solo el corazón comprende, porque yo apenas puedo decirte que te ves hermosa, demasiado hermosa para pasar desapercibida ante mis ojos. Pero yo no te amo; sería pretencioso de mi parte pronunciar un «te amo» como si esas dos palabras fueran suficientes para abarcar todo lo que provocas en mí. Yo solo te quiero, pero de esos «te quiero» capaces de contener el universo entero y que, aun así, dejan la insoportable certeza de haber dejado por fuera lo más importante; de esos que pueden no poseer nada y, sin embargo, sentirlo absolutamente todo, porque la plenitud no se encuentra, se recuerda, y tú la despiertas en mí cada día. Y si todavía encuentras dudas, mírame a los ojos; ellos no podrán mentirte, porque en su profundidad habita el único idioma que nunca aprendió a fingir: el lenguaje de mi corazón.

  • Autor: Glass (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 1 de agosto de 2026 a las 00:24
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 5


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