Hubo una mesa, un mazo y las manos que aprendieron
a leer en el silencio lo que nunca se dijeron.
El humo subía, lento como una plegaria,
mientras el tiempo, quieto, repartía sus cartas.
Cada carta que caía era espejo de otra carta,
y sobre el paño un as arrastraba al siguiente,
y ese as a un recuerdo, y el recuerdo a esta noche
que nunca termina porque estaba escrita desde siempre.
Aposté lo poco cierto que tenía; mi amor, mis sueños muertos;
como quien tiene todo por perder y, a la vez, no tiene nada.
Vos respondiste con la calma de quien sabe, sin asombro,
que toda partida es el espejo de otra ya jugada.
Y hubo, sin embargo, lo confieso,
un roce breve de tus dedos cuando bajaba mí mirada,
un instante donde el humo se detuvo casi tierno,
como si el destino, por piedad, hubiera hecho una pausa.
No hubo vasos que temblaran, ni mesa que se volcara.
Solo fichas deslizándose hacia el centro,
como arena que no elige caer, pero que cae,
porque hasta el amor es prisionero de su tiempo.
Vos tenías los ases. Yo, la noche entera.
No fue suficiente, aunque tampoco fue derrota.
Fue la lenta y silenciosa certidumbre
de que toda partida se termina, y luego empieza otra.
Al final no quedó rencor, solo el humo deshaciéndose
sobre una mesa ya vacía, y la certeza compartida
de que vos y yo solo llegamos, cada uno por su lado,
a leer la misma carta que ya estaba marcada.
-
Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de julio de 2026 a las 16:15
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., mauro marte, Gabriel Hernán Albornoz, Nelly Cevallos - Liora

Offline)
Comentarios2
Muy bueno Eduardo! Me encantó tu forma de metaforizar una relación a través de un juego de cartas. Muy bien narrada. Felicitaciones! Saludos desde San Francisco, Argentina.
Gracias Gabriel por tu tiempo y lectura.
Gracias
Querido Eduardo:
Disfruté mucho este texto. Logras que la partida vaya creciendo hasta convertirse en una metáfora que sostiene cada movimiento del relato. Nada ocurre por azar: las cartas, el humo, las fichas y el silencio parecen responder a una misma respiración, como si todos formaran parte de un único destino.
Me gustó la serenidad con la que el final acepta lo inevitable, sin perder por ello la emoción que acompaña todo el recorrido.
Gracias por compartir una escritura tan cuidada.
Un fuerte abrazo.
— LIORA
Gracias Liora. Por leer y por tu comentario tan atento.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.