La llamada
Me llamó.
Y al otro lado del teléfono,
su voz, temblando entre suspiros,
confesó que pensaba en mí.
Yo,
como quien escucha la lluvia
golpear los cristales del alma,
quedé inmóvil,
hipnotizado por cada palabra.
Solo escucha
me dijo.
Y entonces dibujó con la voz
el mapa secreto de su deseo,
cada latido,
cada temblor,
cada rincón donde mi recuerdo
despertaba incendios silenciosos.
Sus manos,
cómplices del anhelo,
eran la única guía
de un recorrido que solo ella conocía,
mientras mi nombre
se deshacía entre su respiración entrecortada.
Las sábanas guardaban el secreto
de los labios que mordían el silencio,
ahogando el bullicio de los gemidos
para que aquel instante
perteneciera únicamente a nosotros.
Y en el dulzor de su entrega,
como dos náufragos
bebiendo del mismo elixir,
morimos un instante
para volver a nacer
en el eco de aquella llamada.
Después,
solo quedó el adiós,
agitado,
tembloroso,
con esa voz llena de plenitud
que aún hoy
sigue llamándome desde la memoria.
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Autor:
R. (
Offline) - Publicado: 31 de julio de 2026 a las 12:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Gabriel Aranda

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