El bucle del verdugo

Naim

Sola la sombra susurra sentencias, silencios sordos, severas sospechas. Sufre la sique, sumisa y sabida, saboteando su propia salida. Sogas de duda sujetan la mente, sórdida culpa, serpiente silente.

Muerde la mente con muros amargos, murmullos malos, martirios tan largos. Miedo macabro que machaca y muela, muestra la marca de cuanto le duele. Maza que muele la propia memoria, mísera celda, macabra su historia.

Pensamientos pesados en pulso punzante, penumbra profunda, peso constante. Punzan la piel de la propia psique, piden un precio que nadie explique. Pena que pesa, presagio de plomo, pérdida pura de ser ya no sé cómo.

Cruel carcoma que corta la carne, condena cruda que no quiere aliarme. Cae la culpa con calma constante, cierra el cerrojo del centro distante. Cállate, calla, clamor censurado, cautivo del juicio que me he fabricado.

Torpe tormento de trampas trazadas, temores tiranos en tiras tajadas. Tacha el talento, trunca la tierra, tiniebla tenaz que jamás me destierra. Tiembla la tiza que traza el castigo, testigo y tirano de mí, soy mi enemigo.

Ruidos que rompen, rumiar y rencor, ruina del alma, rotundo rigor. Ríspido rasgo que raya la piel, rastro de rabia con riego de hiel. Rueda el reproche, repite la reja, recinto rebosante donde la luz no deja.

Siempre el susurro, el peso, el tormento, corta la calma, la marca, el lamento. Encerrado en la duda, en el dedo que daña, preso del propio pensamiento que engaña.

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  • Autor: Zar (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 31 de julio de 2026 a las 05:35
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 3
  • Usuarios favoritos de este poema: Tito Rod


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