Elegía para un hombre vivo

luis marled

El asedio me atrapó.

El estrés me abrazó.

La tristeza me cobijó.

Una noche fría, en un cuarto frío, con una sábana fría que cubre a un cuerpo muerto.

De una vida ficticia,

repaso todas mis líneas.

Sufro de mitomanía, digo la verdad aunque me contradiga.

Pues siempre he tratado de ser real en cada mentira.

Podría decir que hoy no hice nada y que me sentía solo;

sin embargo, no digo mentiras,

solo digo que mi vida es aburrida.

Volvamos al cuerpo muerto.

Eso era mentira, aún puedo respirar.

No he muerto, es obvio.

Pero un desahuciado, ¿cuánto podría aguantar?

¿Un corazón roto? No.

¿Una pelea fraternal? No.

¿Un cuchillo en el pecho o una cuerda en el cuello?

Aunque no pesan mucho, existe algo singular,

pues el pobre desahuciado no los podría soportar.

 



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