Gracias, Señor, con
el alma puesta en
el pecho,
por permitirme
escuchar, despacio y
con calma,
el tictac fiel del
reloj en este
amanecer nuevo,
ese ritmo que
marca el tiempo
que Tú regalas,
sabiendo que cada
sonido es un latido
tuyo,
un segundo regalado,
un milagro pequeño
y cierto,
un don inmerecido
que me hace sentir
vivo y despierto.
Gracias por dejarme contemplar esa
quietud inmensa,
ese silencio
profundo, perdido
en el propio silencio,
donde el ruido del
mundo se apaga
por completo,
donde no hay
prisas ni angustias
que atormenten,
y mi alma pequeña, tranquila y sin
defensas,
puede encontrarse
contigo, sin palabras
ni gestos,
en la paz más
honda y verdadera
que existe en el
universo.
Gracias por el aire
fresco y puro que llena
mis pulmones,
por esa respiración
suave que me dice
que aún estoy aquí,
y por el aroma dulce, sencillo y tan lleno
de vida,
de la yerba húmeda
bañada por el rocío
de la mañana temprana;
ese olor a tierra
despierta, a naturaleza bendecida,
a esperanza que
florece sin pedir
nada a nadie,
un detalle tan
pequeño, Señor,
que llena el corazón
entero.
Gracias, Señor, por la
gracia inmensa de
abrir los ojos,
de apartar el sueño
y ver de nuevo tu
luz en este día que comienza,
por tener la voz
clara y la fe sincera
en el pecho,
para elevar mi
oración humilde,
sin orgullo ni falsedad,
y volver a rezar,
con toda la
ternura y el alma
puesta en ello,
por la paz que
el mundo entero
clama con dolor y cansancio,
por esa paz tuya
que sana las
heridas y calma
cualquier amargura.
Gracias por estar
presente en lo más
simple y cotidiano,
en el tiempo que
avanza sin
detenerse jamás,
en el silencio que
cura las heridas del espíritu,
en los olores que despiertan mis
sentidos con
dulzura,
en la luz suave
que guía mis
pasos sin ofuscarme,
en la mano que
me sostiene
cuando siento
flaquear,
en el consuelo
que llega justo
cuando más lo
necesito.
Te doy las gracias,
Señor, por el don
inmenso de estar
vivo,
de poder sentir, de
admirar, de respirar
y de esperar,
de reconocer tu
bondad en cada
cosa que me rodea,
y de pedir para
todos los seres
de esta tierra,
sin excepción,
con el corazón
abierto, humilde
y completamente
desnudo,
tu protección, tu
clemencia y esa
bendita paz eterna,
que solo Tú puedes
dar, y que es el mayor
bien que
podemos tener.
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Autor:
Enmascaradodelapoesia (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de julio de 2026 a las 21:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., ElidethAbreu

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