La tarde vistió de sombras y así te recordaba,
mientras el viento, en silencio, tu nombre susurraba;
frente a mí, una vieja taza de café humeaba,
como si el fuego de tu amor aún en ella habitara.
Cada sorbo conservaba la dulzura de tus besos,
mezclada con la amargura que dejó el cruel olvido;
en su aroma renacían los más hondos embelesos,
de aquel amor que el destino ya lo dio por perdido.
Y así, entre el silencio, elevé una plegaria,
para que el cielo escuchara mi lamento y mi clamor;
pedí que tú volvieras con la aurora solitaria,
o arrancaras de mi pecho las raíces del amor.
Pero la respuesta llegó lenta y resignada,
como el café que se enfría sin razón;
entendí que toda promesa puede quedar quebrada,
cuando se marcha para siempre el corazón.
Entonces brindé por aquel amor que nos dimos,
por las risas compartidas, los sueños y la ilusión;
porque quien ama no pierde lo que un día vivimos,
aunque le duela mucho aceptar la separación.
Y al beber la última gota de aquel café sin sabor,
dejé partir tu recuerdo sin guardar ningún rencor;
comprendí que, entre plegarias, nostalgias y desamor,
también florece la esperanza que llegará un nuevo amor.
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Autor:
Federico Mendo Sánchez (
Offline) - Publicado: 30 de julio de 2026 a las 18:51
- Comentario del autor sobre el poema: A veces nos cobijamos en una taza de café para olvidar o dejar ir a un amor
- Categoría: Amor
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, ElidethAbreu

Offline)
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