Para que tú y yo estuviéramos hoy aquí,
sentados bajo este cielo que ya se desvanece,
tuvieron que alinearse en el abismo
los vientos exactos de diez mil otoños,
las tormentas que dispersaron el polvo
y el rumbo preciso de cada gota de lluvia.
Es una imposibilidad matemática este encuentro.
La física del caos jura que es imposible
que las nubes repitan esta misma densidad,
que el vapor de agua dibuje el mismo lienzo,
o que la luz se filtre con idéntico violeta
sobre la curva de tu hombro.
El universo es un artista de trazo único:
pinta el instante y rompe el molde.
Por eso, pretender que este amor sea eterno
es restarle la belleza a su milagro.
No somos de mármol, amor mío;
somos la colisión de dos fugacidades.
Mírame bien en esta tregua del tiempo,
porque mañana, aunque volvamos al mismo sitio,
el viento habrá barajado de nuevo el aire,
la atmósfera habrá dispersado sus átomos,
y nosotros, desgastados por un día de vida,
seremos otros, bajo un cielo completamente nuevo.
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Autor:
mauro marte (
Offline) - Publicado: 30 de julio de 2026 a las 16:40
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais

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