Los paredones

J.R.Infante



Los paredones del tío Borrero
acogieron desaforados besos
que retozaban al abrigadero
de unos brazos sólidos y traviesos.

El ejercía  labor de abejero.
Ella amasaba con mimo los quesos.
Tantas picadas de tan noble acero
les llevó ante el cura, una vez confesos.

Las abejas liban jara y brezo.
Las cabras siguen sendas de ribera,
y en la cuna crece al son de una nana,

como lo hiciera la flor del cerezo,
un rorro que propició que se abriera
la obtusa mente de gente aldeana.



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