SI ME BUSCA UN POETA, ME HALLARÁ EN LOS BRAZOS
DE CALÍOPE,
A veces no se ni que escribir.
Muchas veces no se que exhibir.
Por que hay en mi, un huracán.
Y mi cerebro incansable capitán.
Que navega entre tormentas.
Que hacen las olas turbulentas.
Cada vez que esta en alta mar.
Olvida a quién querer o amar.
¡Ay mi señor corazón! de motor.
Que no es osado dormilón.
Con el rojo combustible sangre.
No se cansa y está alegre.
Como el sol que no se detiene.
Y su recorrido igual mantiene.
Así es, el redondo propulsor.
Y cuando para, ya no hay vuelta.
Que hay de ti acondicionador.
Señor soplón, tú mi pulmón
Dos gemelos con mismo nombre.
Adictos fumadores del aire.
Que en tinajas diminutas retiene.
El oxigeno que siempre viene.
Como notas dulces de un cantor.
De voces no tiene falta.
Tengo dos veletas circulares.
Que perciben bellos colores.
Direccionan el perezoso barco.
Apuntando al indefinido arco.
A veces ellas destilan aguas.
Por el golpe de las brisas.
Que sin piedad las golpean,
Cuando a veces danzan.
Bueno y que son mis dos manos.
Que son como dos hermanos.
Acaso cada uno es galeón
Claro que no, es uno vil peón.
Y otro un sentado aprendiz.
Que casi ni ayuda en su desliz.
Al pobre y más usado siervo.
Cuando sin querer mal clavo
Quién trabaja y trabaja sin turnos.
En puestos nocturnos y diurnos.
Sin descanso y sin reposo,
Se queja sin tumulto y sollozo.
En silencio labora cansado.
Y siempre es mal cuidado,
Es acaso el libro cerebro.
No, es mi reloj corazón bello.
Y ahora adonde están mis remos.
Que entre dos dicen pues entremos.
Que esta nave debe al fin llegar.
Y con la vera destinada allá pegar.
Más cuando cansado están.
En el barco inmóvil le entran.
Aguas y aguas por doquier.
Y se hunde en el océano mar.
Si el barco es mi ser cuerpo,
Donde esta el puerto do zarpó.
El puerto es el día de mi nacer.
Cuando mi espíritu sintió amanecer.
La noche antes de aquel principio.
Que estaba de luz y color limpio.
Como la noche sin estrellas.
Y casa sin ruidos ni querellas.
Y quién fue del barco constructor.
Por supuesto, es un campeón.
Disculpa digo Yo, es campeona.
Y no un varón sino una varona.
La que hizo del árbol maderas.
E hizo un lindo navío con ellas,
Tardando en nueves largos meses.
Y en ellas sufriendo muchas veces.
Ay, ser cuerpo mío navío,
Que en agua océano mar navegas.
Con el pulmón soplón bugía.
Y el palpitante reloj corazón.
Enfrenta las olas montañas.
Sin miedo cobarde en ti.
Atravieso el acuoso desierto.
Sin presencia de algo , nada.
-
Autor:
Eugenio Eliseo de Gracia (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de julio de 2026 a las 00:25
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Antonio Pais

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.