No es el momento de mudar la piel,
ni de romper los abrazos que se te dieron.
Siéntate. Gasta un poco de tiempo en no hacer nada,
mira cómo la luz ensucia el suelo.
No te apresures a cambiar de cielo.
Quédate un rato aquí, donde el silencio
no hace daño. Déjate estar, que el mundo no se corre.
Tu gran defecto es la velocidad,
esa insolente juventud que empuja
como un viento prestado,
creyendo que los días son eternos.
dentro de esa juventud intacta,
ese no saber qué hacer con tanta prisa.
Te faltan cicatrices en la historia,
datos que solo el tiempo te concede.
Falta materia en tus archivos
Hay tanto que ignoras todavía.
Acepta la costumbre.
Busca un amor limpio, un refugio,
instálate en el centro de los días ordinarios.
Mírame a mí, soy este cuerpo viejo,
una estructura dócil, cansada,
vencido por los años,
gastado por las leyes de la física,
pero, a mi modo, extrañamente a salvo.
feliz de haber llegado invicto.
Sé que el motor del pecho no se calla,
que estar vivo es un trámite complejo.
Pero detén el paso.
Medita cada error antes de usarlo.
Sé bien que no es sencillo ser el joven
que empuja las paredes de la casa.
Pero respira, mide la distancia.
Piensa muy bien el uso de tus pasos.
Porque mañana el sol saldrá de nuevo
y tú estarás aquí, frente a las cosas;
con toda certeza, ordenando el inventario de tu casa.
pero tus sueños, tal vez,
se hayan quedado atrás, en la penumbra.
esos no tienen garantizada la mañana.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 14:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Tito Rod

Offline)
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