Llegamos con los puños apretados
contra un aire que no nos pertenece.
El cuerpo aprende pronto su tarea:
soportar la tracción,
el roce de los días sobre la piel en carne viva,
la fisura que avanza sin crujido
por los cimientos de la casa.
Nadie entra limpio a este edificio.
El golpe estaba escrito
en la densidad misma de los huesos.
Inventamos un nombre para la grieta
Pero inventamos un nombre blando,
un ungüento de palabras para la fisura.
Y a eso le llamamos felicidad:
al silencio brevísimo entre dos impactos,
al aire detenido
justo antes de que la piedra tome impulso otra vez.
Es la palabra con que barnizamos el óxido
para sentarnos a la mesa sin gritar,
para acariciar la madera carcomida
y fingir que la astilla no se nos ha clavado.
No hay engaño en la grieta
No es trampa la grieta.
La trampa es llamarla felicidad
y hacer de ese nombre un refugio.
Aceptarlo no es doblar la cabeza:
es medir la potencia exacta del mazazo,
mirar el hierro sin su brillo falso
y saber que el dolor no es un error de cálculo.
Es la única moneda.
Con ella se paga
cada minuto de estar aquí
Antonio Portillo Spinola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 06:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 34
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Tito Rod, Tommy Duque, Mauro Enrique Lopez Z., Texi, Nelly Cevallos - Liora, Hernán J. Moreyra, Maby De los Peña, LuJITar, Martha patricia B

Offline)
Comentarios1
A sufrir con alcurnia amigo mío. Ese es mi único consejo. De que otra manera la vida sigue siendo vida. Te garantizo que los porrazos valen la pena. Abracitos.
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