La primera lección que aprendí
no vino de un libro
Vino del suelo
Cada vez que me caía,
raspándome las rodillas
o el orgullo,
escuchaba la misma frase.
"Los hombres no lloran"
Y yo me levantaba.
No porque no doliera.
Sino porque creía
que el dolor debía esconderse.
Cuando veía un dulce
que realmente quería,
cuando alguien más lo recibía
y yo solo sonreía,
escuchaba otra vez
aquellas palabras invisibles
"Los hombres no lloran"
Así fui creciendo.
Coleccionando silencios.
Aprendiendo a tragarme cada decepción
como si las lágrimas fueran un lujo
que nunca podría permitirme.
Recuerdo a mi madre
Cuando estaba enojada
cerraba la puerta de su habitación.
Yo quería entrar
Quería abrazarla
Decirle que todo estaba bien,
aunque probablemente
el que necesitaba ese abrazo
era yo.
Pero me quedaba inmóvil.
Con la mano sobre la puerta
Repitiéndome en voz baja,
"Los hombres no lloran"
Y me iba
Con el abrazo todavía entre los brazos
Con los años
esa frase dejó de ser un consejo.
Se convirtió en mi voz
Cada problema tenía la misma respuesta.
Cada pérdida
Cada miedo
Cada noche difícil
"Los hombres no lloran"
Aprendí a esconder el enojo
A esconder el miedo
A esconder la tristeza
A esconderme a mí
Llorar era perder
Mostrar dolor era debilidad
Y yo no podía permitirme ser débil.
Ni siquiera cuando el amor
tocó mi puerta
Nunca lloré por nadie
No porque nadie importara
Sino porque mi orgullo
y mi mente disfrazada de estoicismo
me repetían que un hombre debía marcharse
sin mirar atrás
Porque...
Los hombres no lloran
Hasta que apareció ella.
No hizo ruido
No prometió salvarme
Solo llegó con una sonrisa
Y fue suficiente
Era como si alguien hubiera abierto una ventana
en una habitación
que llevaba años sin luz.
Por primera vez
quise quedarme.
Por primera vez
quise creer que alguien
podía conocer la persona
que existía debajo de mi fortaleza
La llamé, en silencio,
mi ángel.
Corrí tras ella
como nunca había corrido detrás de nadie
No porque necesitara tenerla
Sino porque, por primera vez,
quería dejar de sobrevivir
y empezar a vivir
Pero el destino
ya había escrito otro nombre
junto al suyo.
Había alguien
a quien ella miraba
como yo la miraba a ella
Y comprendí
que existen batallas
que no se ganan siendo más fuerte
Porque jamás podrás vencer
al corazón de alguien
que ya eligió a otra persona
Entonces hice
lo que siempre había sabido hacer.
Solté
Sonreí
Dije que estaba bien
Seguí caminando
Porque...
"Los hombres no lloran"
Eso fue lo que todos vieron
Nadie vio
las palabras que nunca dije
Las cartas que jamás escribí
Las noches
en las que imaginé
cómo habría sido abrazarla.
Nadie escuchó
el ruido que hace un corazón
cuando aprende
a despedirse sin despedirse.
Y, aun así,
seguí sonriendo
Porque eso era lo que esperaban de mí.
Ser fuerte
Ser firme
Ser el que sostiene
Nunca el que cae
Pero hoy...
quisiera romper esa promesa
que hice cuando era un niño.
Porque estoy cansado
Cansado de ser la roca
Cansado de fingir que nada pesa
Cansado de esconder
cada lágrima
como si fuera un crimen.
Hoy quisiera
un abrazo que no hiciera preguntas
Un pecho donde apoyar la cabeza
Un lugar donde nadie me dijera
que debía ser fuerte
Un rincón
donde pudiera llorar
por aquel amor que nunca fue
Por el niño
que solo quería abrazar a su madre
Por todas las veces
que me convencí
de que sentir era un error.
Porque quizás...
quizas los hombres no lloran
Solo que algunos
aprendimos demasiado pronto
a hacerlo por dentro.
Y esas lágrimas...
son las que más tardan
en encontrar una salida.
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Autor:
Yago Rengifo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 02:05
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema expresa mi manera de pensar y como debajo de una sonrisa se puede ocultar varias cosas, y que al ser humanos necesitamos liberar nuestro sentir al exterior.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Carlos Armijo Rosas ✒️, Gabriel Aranda

Offline)
Comentarios2
Sencillamente.... Hermoso poema
Muy emotivo poema.Muy sincero.Tienes derecho a llorar.Y mucho...Un abrazo.
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