La luna es mi amada, de luz pura y lejana,
que cuelga en el cielo como un sueño sin fin,
nunca podré tocarla, nunca estar a su lado,
pero cada noche vuelve, y yo la miro aquí.
No tiene puertas abiertas, ni camino que me lleve,
ni voz que me responda cuando le hablo en silencio,
es bella como nadie, tan blanca y tan serena,
pero entre los dos siempre hay un abismo inmenso.
La veo cuando sale, tras las cumbres oscuras,
bañando los tejados, el río y el maizal,
su luz acaricia el mundo, pero no me toca a mí,
yo solo la contemplo, lejos, siempre tan igual.
A veces se disfraza de media sonrisa,
a veces es redonda como un corazón entero,
a veces se esconde tras nubes de llanto,
pero yo sé que está ahí, aunque no la vea yo.
No puedo acercarme, no hay nave que me alcance,
no hay puente que cruce lo que el cielo separó,
solo me queda verla, noche tras noche en vela,
guardándola en mis ojos, aunque nunca sea yo.
Es mi amada eterna, que nunca me abrazará,
pero cada anochecer me regala su claridad,
y aunque nunca la tenga, ni su mano tomaré,
siempre será mi luna, mi luz, mi soledad.
La veo en la ventana, cuando el mundo se duerme,
la llevo en la memoria cuando sale el sol,
no importa cuán lejos, ni cuán grande la distancia,
siempre la veré brillar, mi amor sin condición.
Nunca estaré a su lado, nunca escuchará mi ruego,
pero mirarla así, es todo lo que tendré,
mi amada la luna, que vive en el cielo,
y yo aquí en la tierra, viéndola nacer y caer.
A veces pienso que me mira, que su luz me busca,
que entre tanta inmensidad me elige a mí,
pero es solo un deseo que mi pecho inventa,
pues ella es para todos, y no es de nadie aquí.
La sigo en mis paseos por calles vacías,
se esconde entre ramas, se asoma en el mar,
yo llamo su nombre y el eco me devuelve
solo el frío silencio que no deja de andar.
Guardo su luz en mis manos cerradas,
como si pudiera atrapar su resplandor,
pero al abrirlas solo queda la sombra
de un amor lejano que no tiene fin ni color.
Pasan los años, cambian las estaciones,
se apagan las voces que un día me acompañaron,
pero ella sigue ahí, fiel a su camino,
mientras mis días lentamente se alejaron.
No hay queja en mi pecho, ni rencor en mi mirada,
solo esta dulce pena de amarla sin alcanzar,
porque saber que existe y que cada noche vuelve,
es suficiente para seguirla esperando aquí.
Mi amada la luna, inalcanzable y pura,
compañera de sueños que nunca cumpliré,
te veré siempre brillar, aunque estés tan lejos,
mientras mi vida entera en la sombra viviré.
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Autor:
Fabrizio (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 00:15
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- En colecciones: Melancolia.

Offline)
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