“Antes del quebrantamiento es la soberbia,
y antes de la caída la altivez de espíritu"
Proverbios
Este breve ensayo está dirigido al público en general. Quien nunca ha formado un hogar puede restar importancia a lo que aquí se expone; sin embargo, basta recorrer la historia para comprender que la familia ha sido, desde los albores de la civilización, la institución más estable sobre la cual se han levantado las sociedades. Aunque es tan antigua como el ser humano, fueron los romanos quienes le otorgaron una de sus formulaciones jurídicas más sólidas mediante el Derecho romano, cuya influencia aún perdura en gran parte del mundo occidental.
Formar un hogar no es indispensable para vivir, pero sí constituye una experiencia difícilmente sustituible. Compartir la vida con otra persona transforma el carácter: enseña paciencia, respeto, diálogo, sacrificio y compromiso. Tener una esposa o un esposo no solo satisface la necesidad de compañía; representa una oportunidad permanente para crecer como ser humano.
Con frecuencia se habla de personas "buenas" o "malas", como si el carácter pudiera resumirse en dos palabras. La realidad es mucho más compleja. Cada individuo posee virtudes, defectos y una personalidad irrepetible. Del mismo modo, creer que somos superiores o inferiores a los demás suele ser consecuencia de complejos que la familia debe corregir desde la infancia. Educar hijos respetuosos, responsables y humildes constituye uno de los mayores aportes que un hogar puede hacer a la sociedad.
Tampoco existen el hombre perfecto ni la mujer perfecta. Quien elige una pareja acepta, consciente o inconscientemente, un conjunto inseparable de fortalezas y debilidades. El amor auténtico no consiste en encontrar la perfección, sino en aprender a convivir con las imperfecciones del otro y con las propias. Quien no comprenda esta realidad difícilmente disfrutará de la riqueza que ofrece una familia.
También merece reflexión una expresión frecuente: -Yo soy padre y madre-. Dicha frase puede reflejar el admirable esfuerzo de quien ha debido criar solo a sus hijos y merece todo respeto. Sin embargo, ello no significa que padre y madre sean la misma realidad. Sencillamente es un mito. Cada uno desempeña un papel propio y complementario en la formación de los hijos. No existe una competencia entre ambos ni una superioridad de uno sobre el otro. La fortaleza del hogar nace precisamente de la complementariedad, del respeto mutuo y de la igualdad en dignidad y responsabilidad. El amor no puede dividirse en porcentajes, pero sí exige el compromiso pleno de quienes han decidido construir una vida juntos. Una sólida relación parental.
La familia continúa siendo la primera escuela de la humanidad. Antes de convertirnos en ciudadanos, profesionales o gobernantes, fuimos hijos. En el hogar aprendemos las primeras lecciones sobre el respeto, la solidaridad, la honestidad, la disciplina y el amor. Allí se forman los cimientos del carácter y, con ellos, el futuro de toda sociedad.
No existen familias perfectas, porque tampoco existen seres humanos perfectos. Precisamente por ello, la familia sigue siendo el lugar donde aprendemos el difícil arte de convivir, perdonar y crecer junto a quienes amamos. En tiempos marcados por el individualismo, continúa recordándonos que la verdadera grandeza del ser humano no se alcanza en la soledad, sino en la comunión con los demás.
Comentario del autor
Quien nunca ha formado una familia, nunca ha sido padre o madre o jamás ha experimentado el enamoramiento puede opinar sobre estas realidades con inteligencia, sensibilidad e incluso con amplios conocimientos teóricos. Sin embargo, difícilmente podrá comprenderlas con la misma profundidad que quien las ha vivido. No porque le falte capacidad intelectual, sino porque existen dimensiones de la existencia que solo se revelan plenamente desde la experiencia.
En ese sentido, cobra especial vigencia la reflexión de José Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia.» Nuestra comprensión del mundo nace del encuentro entre la razón y la vida. Hay conocimientos que pueden transmitirse con palabras, pero otros solo alcanzan su verdadera plenitud cuando dejan de ser conceptos para convertirse en experiencia.
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de julio de 2026 a las 20:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio_cuello, Mauro Enrique Lopez Z., Anita del Perú., Antonio Pais
- En colecciones: ENSAYOS.

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