La casa donde regreso
No elegí el nombre
con el que otros quisieron encerrarme.
Me llamaron exceso,
desobediencia,
tormenta,
como si la libertad
fuera una enfermedad
que hubiera que curar.
Pero aprendí temprano
que la ternura
también sabe levantar barricadas.
Encontré mi rostro
en los ojos de otras mujeres:
en la que carga el pan y la tristeza,
en la que ríe demasiado alto,
en la que vuelve a empezar
después de cada ruina.
Ellas me enseñaron
que la fuerza
no siempre hace ruido.
A veces
es apenas una mano
que sostiene a otra
cuando el mundo
ha decidido soltarla.
No vine a pedir permiso
para nombrar mi cariño.
Mi corazón
no entiende de fronteras
levantadas por el miedo,
ni de leyes escritas
para vigilar los afectos.
Reconozco la belleza
en la inteligencia que resiste,
en la voz que no se vende,
en las cicatrices
que dejaron de esconderse.
Camino junto a ellas
porque allí el horizonte
no se mide con jerarquías,
sino con pasos compartidos.
Que digan lo que quieran.
Siempre habrá quien tema
a una mujer
que no baja la cabeza,
a una mujer
que abraza sin vergüenza,
a una mujer
que elige su propia historia.
Yo no nací
para convertirme
en la sombra de nadie.
Nací para ser puente,
hoguera,
memoria.
Y cuando pregunto
dónde está mi patria,
no encuentro un mapa.
Encuentro un círculo de mujeres
que se llaman por su verdadero nombre,
que se levantan unas a otras,
que convierten el dolor
en semilla
y la esperanza
en un lugar habitable.
Allí regreso siempre.
Porque en esa casa,
construida de voces que no se rinden,
he comprendido
que amar también es un acto de justicia.
-Luis Barreda/LAB
Norfolk, Nebraska, EUA
Diciembre, 2016.
-
Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 28 de julio de 2026 a las 01:53
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3

Offline)
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