PROCESIÓN

Flor Oliva R.

Hoy
He vuelto a cerrar la puerta
para que mi dolor no haga ruido.
Aprendí que hay tristezas 
a las que el mundo les pone
un nombre antes de ofrecerles
un abrazo.
 
Callé.
Y el silencio, ese viejo hermano
de las noches largas, vino a sentarse
juntó a mi como si conociera
el idioma secreto de las lágrimas.
 
No conté
Mis derrotas. Las llevé
bajo las camisas , donde el corazón 
trabaja sin pedir permiso para doler.
 
Quise decir: 
"Estoy cansada. Ayúdenme
un poco."
Pero las palabras regresaron con los
bolsillos vacíos, porque hallaron
más jueces que hermanos, más 
preguntas que consuelo, más 
distancia que ternura.
 
Entonces comprendí 
que la procesión
no siempre lleva cirios, a veces lleva
un nombre caminando por dentro,
sin que nadie escuche el crujido de su alma.
 
Y sigo.
Con esta cruz pequeña, hecha de días, 
de recuerdos, de esperanzas 
que se niegan a morir.
 
Porque 
hasta el dolor, cuando
aprende a callar, termina rezando
por un corazón, que todavía sepa escuchar.
 
 
FLOR OLIVA R._ Autora
 
Todos Los Derechos De Autor Reservados.
 
 


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