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Los días grises también tienen su encantó,
una melodía suave, lenta y profunda,
que se desliza suave entre las tejas,
que acaricia las hojas sin hacer ruido,
aunque el cielo parezca olvidar el azul
y el sol se quede lejos, tras la espesa
cortina de nubes que baja despacio.
No son días vacíos, ni olvidados,
no son sombras que vienen a entristecer:
son el respiro que el mundo pedía,
el momento justo para detener
la carrera loca que nos consume,
para aprender a ver lo que la luz brillante
no suele dejar que descubramos.
Caminan entre sombras y viento suave,
susurran historias que el ruido tapa:
de tiempos que sanan sin hacer alarde,
de pausas que saben más que las prisas,
de lo que se aquieta y ya no se escapa,
de heridas que empiezan a cicatrizar
bajo el manto suave de la calma.
No traen el brillo dorado del verano,
ni el fuego encendido de un amanecer,
ni promesas rotas de luz en la mano,
ni prisa por correr, ni por vencer,
ni luces que deslumbren o engañen,
pero guardan secretos que hay que aprender
con el alma despierta y serena.
En cada nube hay un eco callado,
un mensaje que solo el alma tranquila
logra tocar con el paso calmado,
cuando el ruido del mundo ya no llena
los rincones quietos del corazón,
cuando por fin escuchamos nuestra propia voz
sin distracciones que nos mientan.
El aire huele a tierra mojada,
a hojas caídas, a tiempo lento;
la vida no corre, no se desgasta,
se abraza al silencio, se hace más lenta,
nos invita a sentarnos, a respirar hondo,
a no exigirle al cielo nada más
que estar ahí, con su paz inmensa.
En los días grises descansa la prisa,
la ciudad baja el tono de su voz,
se apagan las prisas, se afloja la risa,
se detiene el afán de parecer lo que no,
y el corazón encuentra en la penumbra
un rincón tibio donde escucharse mejor,
donde lo que duele ya no se derrumba,
donde lo que fuimos vuelve a tener valor.
Porque hasta la lluvia que cae en silencio
alimenta la tierra sin pedir atención,
lava las heridas, moja el desaliento,
limpia las cargas del corazón,
arrastra el polvo de nuestras culpas,
y deja en el aire limpia la oración
que no supimos decir con palabras.
Cada gota es un beso sobre el suelo,
cada neblina es un manto de paz;
no vienen a quitarnos nuestro cielo,
vienen a enseñarnos a descansar,
a confiar en lo que no vemos aún,
a saber que lo que duerme hoy bajo tierra
mañana será flor, raíz y luz.
Tras la cortina de nubes y niebla,
el sol no se ha ido: solo espera,
brilla con fuerza, constante y fiel,
cuidando la vida, abriendo la senda,
calentando las raíces desde lejos,
hasta que la calma abra su frontera
y deje salir toda su hermosura.
Así son los días grises de la vida:
no siempre traen alegría o color,
a veces pesan como una despedida,
a veces nos dejan sin saber quién somos,
a veces nos hacen sentir pequeños,
perdidos en medio de tanta quietud,
con el pecho apretado y sin consuelo.
Pero dejan semillas de fortaleza,
riegan el alma con nueva verdad,
nos quitan la máscara, nos dan entereza,
nos muestran que el brillo no está en la luz,
sino en lo profundo de nuestra soledad,
en el coraje de seguir caminando
aunque no veamos el camino claro.
Nos enseñan que no hay luz sin sombra,
que no hay alegría que no duela un poco,
que el valor también se lleva en la sombra,
que el amor crece donde hay reposo.
Nos hacen ver lo pequeño, lo sencillo,
lo que el sol fuerte nos ocultó:
una flor entre piedras, un abrazo, un suspiro,
todo lo que el ruido nos robó.
Y cuando vuelva el sol con su limpieza,
y tiña de oro cada rincón,
florecen con más luz, con más grandeza,
con más profundidad y más corazón.
Entonces entenderemos la razón
de esos días que parecían vacíos:
fueron ellos los que nos hicieron fuertes,
fueron ellos los que nos dieron el alma.
Son días de espera, de fe y de reposo,
el tiempo en que el alma aprende a ser entera;
pues no hay luz que brille más glorioso
que la que nace tras la larga espera,
que la que aprendimos a valorar
en los días grises, al caminar,
con el pecho abierto y la calma puesta,
sabiendo que todo vuelve a su lugar
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Autor:
Enmascaradodelapoesia (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de julio de 2026 a las 17:57
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: mauro marte, Mauro Enrique Lopez Z., Llaneza

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