ALAMBRE DE TU VOZ

David Marín Castaño

 

Quizás me siente en el alambre de tu voz,
quizás duerma con tu tacto apagando la marea en mis nervios,
quizás te encuentre en ese sueño
que siempre, al despertar, se desvanece.

Hoy la soledad me araña hasta los huesos.
Me desnuda con su buril de calma y paciencia.
Cierro los ojos: veo olas,
mares de infancia,
las huellas de mis hijas,
el calor que crecía entre dos cuerpos,
tú, de espaldas,
yo al otro lado del sueño.

Quizás morir sea esto:
vivir sin ganas.

Me faltan abrazos y besos
para resucitar de estas sombras
que juguetean en la orilla de mi aliento.
Humedezco la tarde esquiva
que se esconde conmigo.

No pierdo la esperanza:
al final, la marea siempre me trae
lo que creí perdido:
un hilo de luz entre las grietas,
la sal que aún recuerda el nombre de
un poema varado en arenas sin dueño.

Vuelven entonces las manos,
no sé si tuyas
o inventadas por la sed,
y me sostienen justo antes de escribir
este silencio
que aprende a pronunciarte sin decir tu nombre.

Quizás la vida sea esta obstinación
de encender hogueras con recuerdos,
de mirar a la ausencia hasta que duela menos,
de esperar, sin calendario ni promesas,
el próximo reencuentro.

Y, sin embargo,
cuando la noche cede un milímetro,
algo respira en mí
como si fueras tú,
como si el mundo, por un instante,
decidiera no olvidarnos.

Si algún día me olvida,
quedarán el mar y la luna,
aguardando en la orilla de esta vida
que aún es sueño.





Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.