Fotografía creada por IA por el autor como elemento dramatizador
Mientras mi país se bate a fuego y mis hermanos pelean
yo solo puedo llorarles y reconocerles el valor y la lucha
ya que la distacia y nuestro estado no nos permite realizar a Tuñy a y a mi
otra labor que estar al lado de todos vosotros., pero estáis y estamos presentes a cada minuto
y os llevamos en el pensamiento y corazones...
No fueron las trompetas de Jericó
las que anunciaron la batalla,
que fueron las fuertes y altas llamas
junto al viento seco
y el sol convertido en hierro
que, con una chispa diminuta
despertaron al gigante incendio.
España, ¡Tierra quemada!
Desde Madrid hasta Toledo,
de Ávila hasta Ciudad Real
y Guadalajara en una pira infernal
que se extiende por toda la piel de toro:
Desde Palencia hasta León,
de Asturias a Burgos y Galicia
llegando hasta el levante
por el Vall D’ Uxó, Barcelona y Murcia;
la ceniza se esparció y escribió su nombre
sobre montes, campos y horizontes,
sobre cañadas, pantanos y casas
dejando un negro panorama.
Mi Sierra de Gredos, el Alto Alberche
y mi amado “Valle del Tiétar”
con las montañas rugiendo y envueltas en llamas.
El bosque, centinela de siglos, viendo caer
uno a uno sus viejos robles, sus encinas,
sus pinos y el refugio de tantas vidas.
Lloraron todos los pueblos de España,
pero más: en Villa del Prado y Aldea del Fresno,
mientras el humo ocultaba el cielo
y empuja sus cenizas hacia Madrid;
resistió numantinamente San Martín de Valdeiglesias
con la dignidad de quien conoce la tierra
y no abandona nunca sus raíces.
Temblaron Almorox, el Burgohondo,
mi amada Casavieja y Pedro Bernardo
entre otros muchos pueblos que no llego ni a nombrar
y donde cada piedra parecía guardar
la memoria de quienes luchaban
contra un enemigo sin rostro.
Ejércitos de almas heroicas
aparecieron para luchar sin preguntar
y se unieron a los valientes Bomberos
cubiertos de hollín, a las brigadas forestales,
a los agentes medioambientales, Protección Civil
fuerzas y cuerpos de seguridad: policía,
Guardia Civil, ejércitos de tierra y aire
y la UME; como no, todos sin descansar
junto a los voluntarios, ganaderos,
agricultores y vecinos anónimos
alzando muros de esperanza,
coraje, miedo, frustración y dolor
frente a los mares y océanos de brasas y fuegos,
luchando contra el viento marea
y las horas avanzando sin parar como el fuego.
No llevan coronas, ni buscan laureles.
solo empuñan amor, agua, azadas y ramas,
herramientas llenas de esperanza
y la firme decisión de no rendir la montaña.
De no rendir su historia y vidas.
Cada árbol salvado, una victoria,
cada casa protegida, dos victorias,
cada animal rescatado, tres victorias
y cada vida salvada, miles de victorias
de un reino conservado a golpe de amor,
pundonor y solidaridad como un himno a la vida.
El incendio avanzaba como un dragón antiguo,
devorando barrancos, crestas y senderos,
pero jamás conseguirá consumir la voluntad del pueblo
que haciendo hermandad ha hecho su mejor escudo.
Porque en España sabemos que, ¡Todos a una!
Como en Fuenteovejuna somos invencibles.
Y cuando el humo se disipe y la lluvia acaricie la tierra
herida, quemada, con cicatrices imborrables
las lágrimas y el dolor serán extremadamente duros
como duras serán sus gentes al empezar de nuevo
con las esperanzas renovadas como los brotes verdes
que romperán el gris y el negro de la ceniza y lo quemado.
Las águilas volverán al cielo, y, Jesús con Amara
y su cámara, volverá a la vida captar la vida
mientras los ciervos en los claros del bosque
se inclinarán para mostrar su respeto
y agradecimiento por tanto amor a la naturaleza.
Ana, Pedro y Mateo volverán al Roble de la Memoria
y a las calles de su niñez y juventud; María seguirá
en aquella curva de la C-501 llorando a su padre
y Casavieja se rehará de nuevo con su viejo nombre.
El viento dejará de traer el olor a humo
para traer perfume de romero, jara y tomillo.
Porque la tierra recuerda. Porque el bosque perdona.
Porque la vida siempre encuentra
un camino entre las cenizas.
Y cuando las generaciones futuras
pregunten qué ocurrió
en aquellos días de fuego,
España responderá con orgullo:
“Ardieron nuestros montes,
pero nunca ardieron nuestro valor
y almas ni la fraternidad que nos une”
Porque mientras exista una sola mano
dispuesta a defender un árbol, un río,
un pueblo o una montaña,
jamás vencerán las llamas.
La ceniza podrá cubrir la tierra,
pero nunca apagará el alma
de quienes la llaman hogar
Tierra quemada, no será tu final,
sino el nombre de la cicatriz
de un país que, una y otra vez,
aprende a renacer de sus propias cenizas.
CRISPÍN
Poema nº76
@JordiCris Derechos de autor reservados©️
-
Autor:
CRISPÍN (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 26 de julio de 2026 a las 07:12
- Comentario del autor sobre el poema: Hoy no puedo más que escribir con el dolor que quema mi tierra y quema mi alma y corazón a todas las zonas y gentes afectadas por los tremendos fuegos que asolan la mitad del territorio y que una vez más ponen a prueba a este gran país. Hoy y hasta el final no es más que tiempo de estar y ayudar, alentar y empujar a todos.
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Nelly Cevallos - Liora
- En colecciones: Cantos y Odas.

Online)
Comentarios1
Querido Jordi, he leído este poema con un nudo en la garganta. Más que un canto al incendio, encuentro en él un profundo homenaje a quienes, sin buscar reconocimiento, están entregándolo todo por defender sus montes, sus pueblos, sus animales y su gente. Has sabido transformar una tragedia en un testimonio de memoria, gratitud y esperanza. Me emocionó la fuerza con la que recuerdas que pueden arder los bosques, pero no el valor ni la fraternidad de un pueblo que se une para proteger lo que ama. Desde la distancia acompaño con el corazón a España y deseo que muy pronto el verde vuelva a abrirse camino entre las cenizas. Gracias por ponerle voz a un dolor que hoy pertenece a todos. Recibe un abrazo muy grande, querido amigo.
— LIORA
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