Queda la tarde
como el sello roto
de una carta abierta
en el umbral
de una casa en ruinas.
La luz se oxida,
se desviste despacio
con la paciencia
de quien conoce el daño
y calla.
Y entonces yo también me inclino,
casi ausente,
hacia lo que aún resiste:
un beso susurrado en la mejilla,
una flor asomada a la ventana,
voces que vuelven
desde el fondo de un baúl,
el fuego breve de un abrazo,
la tibieza del hogar
adherida a la piel del ayer.
No hace falta más.
El futuro —apenas un disfraz—
tiembla dentro de esta calma
donde la vida ocurre sin nombrarse
y la muerte se aparta,
si la luna se refleja
en la curva desnuda de una sonrisa.
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Autor:
David Marín Castaño (
Offline) - Publicado: 26 de julio de 2026 a las 06:11
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- En colecciones: Murmuraciones.

Offline)
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