La montaña que soñaba raíces

Rosa Maria Reeder

Durante siglos,

la montaña

creyó que su destino

era tocar las nubes.

Cada amanecer

alzaba sus hombros

hacia la claridad,

mientras el viento

le enseñaba

los nombres cambiantes

del cielo.

Las águilas

hacían de sus riscos

un espejo del vuelo.

La nieve

escribía sobre su frente

cartas que el invierno

olvidaba firmar.

Todos la admiraban

por su altura.

Nadie preguntaba

qué soñaba

cuando la noche

cerraba lentamente

los ojos del valle.

Una madrugada,

escuché

cómo la montaña

suspiraba.

No era un sonido.

Era una hondura.

Me acerqué.

Entonces oí

estas palabras

brotando

desde el corazón

de la piedra:

«Estoy cansada

de parecer cercana al cielo

y tan lejana

del primer abrazo

de la tierra.

Quiero aprender

el camino

que recorren las semillas.

Quiero conocer

la paciencia

con la que las raíces

conversan

con la oscuridad.»

Desde aquel día,

la montaña

dejó de crecer

hacia arriba.

Cada amanecer

descendía

un poco más

dentro de sí misma.

Sus raíces invisibles

atravesaron

antiguas memorias,

tocaron

el sueño dormido

de los volcanes,

abrazaron

el silencio

que sostiene

los continentes.

Y cuanto más

se hundía,

más luminosa

parecía su cumbre.

Entonces comprendí

que las alturas

no nacen

de aquello

que logramos elevar,

sino

de la profundidad

con que aprendemos

a pertenecer.

Desde entonces,

cuando contemplo

una montaña,

ya no miro

la cima.

Escucho

el inmenso bosque

de raíces invisibles

que sostiene,

en silencio,

todo aquello

que creemos

ver.

Rosa María Reeder

Derechos Reservados 

  • Autor: Rosa Maria Reeder (Offline Offline)
  • Publicado: 24 de julio de 2026 a las 22:38
  • Comentario del autor sobre el poema: «Ninguna cumbre sostiene el cielo si antes no ha aprendido el lenguaje secreto de las raíces.»
  • Categoría: Surrealista
  • Lecturas: 8
  • Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Sheilo Sanz


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