No hubo amor, pero lo diste. No existió un “te amo”, pero lo dijiste. No sabías qué era una caricia, pero aun así intentaste aprender su lenguaje.
Nunca salió de los labios de tu familia una frase de amor. Sin embargo, sí salió de los tuyos. Porque yo no llevaba tu sangre, pero fui tu familia.
Te perdono cada una de las veces en que no recibí el amor que tanto necesitaba, porque comprendí que nadie puede ofrecer aquello que jamás le enseñaron a sentir. Nadie puede dar lo que no tiene.
Cuando por fin logré llenar tu corazón y tu alma de amor, de ternura y de aprendizaje, entendí que había llegado la hora de partir. Mi misión estaba cumplida. Habías aprendido a amar.
A veces llegamos a la vida de alguien solo para sembrar una semilla y marcharnos antes de verla florecer. Yo cumplí con la mía. Me adentré en tu ser y dejé dentro de ti una semilla que seguirá creciendo durante toda tu vida.
El alba nace trescientas sesenta y cinco veces al año. Y con cada amanecer, con cada gesto de amor, con cada “te amo”, con cada sonrisa sincera, descubrirás que el amor verdadero sí existe y que el mundo nunca estuvo vacío de él.
Cada vez que ames, recordarás mis rizos, porque fueron estos rizos los que te enseñaron a amar.
Cada vez que pronuncies un “te amo”, recordarás mi nombre, porque fue el primero al que tus labios se atrevieron a decir esas palabras con absoluta sinceridad.
Y cada vez que hagas feliz el alma de una mujer, agradecerás haberme conocido, porque solo así pudiste continuar tu vida sin romper, sin lastimar y sin apagar el corazón de quien un día decidió confiarte el suyo.
Mi corazón se siente orgulloso del hombre en el que te has convertido.
Hay una parte de mi corazón que sigue latiendo dentro de ti. Es la razón por la que el mío solo sabe funcionar cuando te siente cerca. Pero debo recuperarla en silencio, porque ha llegado el momento de cruzar el mar, y ningún viaje puede hacerse dejando atrás el propio corazón.
Me llevo mi cuerpo, pero te dejo mis recuerdos.
Me llevo mi corazón, pero te dejo el conocimiento de cómo amar correctamente.
Me llevo mi sonrisa, pero te dejo la capacidad de hacer sonreír a la mujer correcta.
Mi melancolía se ahogará en la alegría de saber que algún día encontrarás la paz de amar al alma gemela que el destino tenga preparada para ti. Entonces comprenderé que todo este sacrificio, todas mis lágrimas y todos mis dolores, habrán valido la pena.
Porque a veces no llegamos para quedarnos. Llegamos para enseñar.
Y yo espero haber sido una buena maestra para tu alma y para tu corazón.
Hoy me retiro con una única gota de amor resbalando por mi rostro. Recorre lentamente mi mejilla hasta caer sobre el pecho que un día conocieron tus manos.
Siempre serás mi tesoro, escondido en las profundidades del mar como el más hermoso de los secretos.
Hoy me arranco de ti, dejando una cicatriz que, cada vez que la mires, te recuerde que una vez alguien te amó lo suficiente como para enseñarte a amar.
Adiós, galaxia de lunares.
Adiós, amor que se desvanece.
Y aunque hoy nuestros caminos se separen, esto nunca será un adiós.
Será un hasta siempre.
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Autor:
Anónimo. (
Offline) - Publicado: 24 de julio de 2026 a las 22:40
- Comentario del autor sobre el poema: Carta a el amor de mi vida cuando supe que siempre sería mi amor pero pronto dejaría mi vida………. Para: Pecas. - Escritor: Anónimo
- Categoría: Carta
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Alejandro, Sheilo Sanz

Offline)
Comentarios1
Me encanto
❤️
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