El poema que Dios escribió
Si alguna vez el alba me preguntara
dónde aprendió la luz a ser hermosa,
no señalaría el cielo,
ni el oro silencioso de los montes,
ni el primer resplandor sobre los mares.
Hablaría de tus ojos.
Porque en ellos amanece
una claridad tan pura
que hasta el día parece nacer de nuevo.
Y si la luna,
celosa de su antiguo resplandor,
me pidiera el secreto de tu encanto,
le diría, con la calma de quien conoce la verdad,
que desde el instante en que rozó tu sonrisa
comprendió que toda su belleza
era apenas un reflejo.
Hay personas que iluminan un lugar.
Tú iluminas la existencia.
Eres la aurora
cuando decide bailar sobre las aguas;
el instante en que el horizonte
olvida dónde termina el mar
y comienza el cielo.
Cuando pasas,
la noche deja de ser oscuridad
para convertirse en silencio,
y las estrellas,
como si también supieran admirarte,
olvidan por un momento
el deber de brillar.
A veces imagino a Dios
antes de dibujar tu nombre en el universo.
Lo veo tomando un poco de la inmensidad del cielo,
la paciencia de la luna,
la fuerza serena del sol
y la delicadeza con la que florecen
las cosas destinadas a ser eternas.
Con todo ello
moldeó tu corazón.
Después dejó caer en tu alma
una ternura infinita;
en tu mirada,
la paz que solo conocen los amaneceres;
y en tu sonrisa,
esa misteriosa forma de hacerle creer al mundo
que todavía existen los milagros.
Desde entonces,
la belleza tiene tu rostro.
Y cuando el silencio visita mis noches,
levanto los ojos hacia el firmamento
buscando respuestas entre galaxias,
constelaciones
y cometas que cruzan el infinito.
Pero nunca encuentro nada
que se parezca a ti.
Porque el universo podrá ser inmenso,
pero todo él
cabe dentro de la forma
en que pronuncias mi nombre.
Ninguna estrella ha logrado estremecer mi alma
como lo hace un solo instante a tu lado.
Ningún eclipse ha detenido el tiempo
como lo detiene tu presencia.
Ningún milagro conocido
ha sido capaz de transformar mi mundo
como lo hizo el día en que llegaste.
Eres la lluvia mansa
que devuelve la calma después de la tormenta.
La melodía perfecta
que mi corazón creyó perdida.
El verso que la poesía
llevó siglos intentando escribir.
El sueño que jamás quisiera despertar.
Y si la vida,
generosa por una sola vez,
me concediera un único deseo,
no pediría riquezas,
ni gloria,
ni eternidad.
Porque el tiempo,
cuando está lejos de ti,
no tiene ningún valor.
Solo pediría una cosa:
caminar a tu lado.
Tomar tu mano
mientras el cielo cambia de colores,
escuchar el silencio contigo,
envejecer despacio
bajo la inmensa bóveda azul
que fue testigo del instante
en que comprendí
que el amor también puede parecerse a la eternidad.
Porque las auroras son hermosas
por la manera en que despiertan al cielo.
Pero tú…
Tú despiertas mis sueños.
Y aunque existieran palabras
capaces de abarcar todo lo que siento,
seguirían siendo demasiado pequeñas
para nombrarte.
Por eso dejo que sea mi corazón
quien hable por mí.
Él repite tu nombre
en cada latido,
como una oración,
como un himno,
como la única verdad
que jamás ha necesitado explicación.
Y entonces comprendo,
con la certeza de quien contempla una obra perfecta,
que entre el mar y el firmamento,
entre la primera luz del alba
y la última estrella de la noche,
entre todo cuanto existe
y todo cuanto existirá,
tú eres el poema más bello
que Dios escribió con el tiempo.
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Autor:
MIGUEL LEY (
Offline) - Publicado: 23 de julio de 2026 a las 19:25
- Comentario del autor sobre el poema: Para Damarys, con todo mi cariño.\r\n“El poema que Dios escribió”\r\nMiguel Ley
- Categoría: Amor
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, JUSTO ALDÚ, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios2
Bello ,muchas paz y ternura en tus letras.
De seguro lo leerá amigo.
Saludos
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