Hay días en que el mundo cabe en la palma de la mano,
y, aun así, no encuentro dónde descansar el corazón.
Las calles siguen llenas, las voces no se detienen,
pero ninguna pronuncia el nombre de este silencio.
He aprendido que la soledad no siempre llega vacía;
a veces se sienta entre la multitud,
sonríe con todos, responde cuando le hablan,
y por dentro sigue esperando que alguien la vea de verdad.
Qué ironía.
Tener el horizonte abierto,
mil caminos para perderse,
y sentir que ninguno conduce a un lugar seguro.
Quizá no me falte el mundo;
quizá lo que extraño
es ese rincón donde el alma deja de sentirse de paso
y, por fin, decide quedarse.
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Autor:
ahero (
Online) - Publicado: 23 de julio de 2026 a las 18:36
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

Online)
Comentarios1
Una soledad que enseña.
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