Después de la felicidad

Robotín


AVISO DE AUSENCIA DE Robotín
Recapcha: Si soy un robot

Es algo similar a una tristeza

que arropa la memoria.

Es el estadio abandonado

después de la ovación,

la bufanda doblada

sobre una silla,

el televisor convertido otra vez

en un mueble más,

es descubrir que los días vuelven

a tener la duración de siempre.

Durante más de un més

el tiempo obedeció al silbato

y el corazón se acostumbró

a medir las horas

por alineaciones,

por resultados apretados

en descuentos interminables.

Viviendo suspendido

de esa fe inquebrantable

que convierte a once hombres

en el tamaño exacto de un país,

recorrí con la emoción

la geografía rectangular.

La solitaria estrella

ya tiene compañera en nuestro pecho,

pero el pitido final, me ha dejado

a solas con la melancolía.

Y ahora, liberada la tensión,

no queda ninguna prórroga

capaz de acelerarme la sangre.

No queda ya ni un himno

dispuesto a silenciar el pulso

ni una mínima alegría que clame

por una pena máxima a favor.

La felicidad no hace ruido al marcharse;

recoge despacio el confeti,

apaga las luces de colores

y deja abiertas las ventanas

hacia el eterno recuerdo.

Y en esa calma queda algo,

como un colibrí revoloteando

alrededor de la flor marchita

de la que tanto néctar obtuvo.

Como la hierba marcada

después de la final.

Como una bandera

que sigue moviéndose

aunque el viento

haya decidido descansar.

Tal vez sea eso lo que queda

después de la felicidad.

Rendida ya la euforia, 

permanece el privilegio silencioso

de haber formado parte

de un multitudinario éxtasis.

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