EL CLUB DE LOS OLVIDADOS

Lourdes Aguilar


AVISO DE AUSENCIA DE Lourdes Aguilar
En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía

Ha pasado tanto tiempo desde que nadie me visita que creo haber perdido la capacidad de expresarme, afortunadamente para mí, mi memoria es prodigiosa: cada palabra está grabada esperando la curiosidad ajena para desplegase, soy paciente y discreto y me adapto a cualquier ritmo, pero afuera el mundo parece haberme relegado: antiguamente lo deteriorado se reparaba, lo viejo se conservaba o respetaba ya se tratara de objetos o personas, mi orígenes son difusos pero nada importan, importa lo que yo conservo, la sabiduría encerrada en mis frases que puede aliviar u orientar a quien me busque, reconozco que no soy visualmente atractivo pero solo atisbando mi interior es como resulto interesante; mis frases incitan a la evocación, esa maravillosa cualidad del cerebro humano cuya vastedad es capaz de materializar algo concreto y por la cual se desprendieron las artes y las ciencias, todas ellas vinculadas e inseparables, pero, pobre de mí y de aquéllos como yo, condenados a expirar llevándonos esas partículas que atestiguan el desarrollo de la civilización.

  Me parece que el mundo ha cambiado en forma, pero no en esencia, lo males que lo han aquejado antes permanecen: enfermedad, guerra, hambre, etc, un catálogo que no ha variado y sin embargo ahora va sacrificando su poder creativo en aras de la comodidad, la atención se enfoca demasiado en las imágenes y las imágenes de ahora tienen a mi parecer una importancia obscena, un fanatismo que idiotiza atrofiando la razón, impidiendo al cerebro analizar lo que observa; porque hay algo en el cerebro que se ejercita en lo abstracto, en la contemplación y ahí afuera hay demasiadas imágenes sucediéndose imparables, demasiado ruido entremezclándose, parece lógico entonces que si se detuviera toda esa cacofonía ocasionaría un vacío, la sensación de carencia que requiere ser compensada a toda costa, luego entonces ésta supuesta civilización parecer involucionar, volver poco a poco a los primitivos instintos, despreciar lo bello y necesario para obtener lo inmediato sin preocuparse por las consecuencias, consecuencias que quedan relegadas por resultar demasiado incómodas, un egoísmo que lo regresa a la barbarie de la sobrevivencia del más fuerte, aunque vista de saco y corbata.

Hay polvo a mi alrededor, el olvido se ha ensañado, pero es tan sencillo hacerme hablar, hacerme callar, dejarme relegado sin que yo proteste, soy, en fin bastante cómodo y quizás, solo quizás mi historia fuera no solo interesante sino providencial para alguien, como la última vez que la compartí, fue tan intenso el sentimiento de aquella joven que sus lágrimas rodaron y en su interior el silencio ablandó algo, comprendió algo que nadie más le supo explicar y detrás de las lágrimas hubo alivio y desahogo.

Me he hecho viejo de tanto esperar, soy frágil  y he pasado de moda, la moda… esa tendencia más contagiosa que una gripe, algo que de tanto repetirse se normaliza, por más estrafalario, peligroso o absurdo que parezca, una invitación repartida tantas veces que permea globalmente, ay de aquél que cuestione, que vaya contracorriente, ese es callado por el ruido y las imágenes que excitan, sobre todo a los más jóvenes al grado de desechar toda precaución con la finalidad de sentir en carne propia esa moda, las emociones no pasan por el raciocinio, simplemente se desbocan cayendo en la imprudencia, en muchas ocasiones causando tragedias irreversibles, la lógica, el pensamiento estructurado, la visión a futuro se extingue y el homínido pierde hasta el instinto de supervivencia básico de las demás especies, de hecho yo soy también una especie en peligro de extinción, un espécimen creado para contener, mis memoria plasma un pasado que ya no existe pero que previene, incita a recrear mentalmente y comparar un antes con el ahora, ése es mi mérito, conocer el pasado es entender el presente y encarar el futuro con la herramienta del conocimiento y eso es algo que no se aprecia.

 A mi alrededor, mis amigos guardan otras historias, aventuras, anécdotas, un vasto lenguaje ya anticuado, pero no por ello hermoso e impecable, ah el lenguaje, ese verbo entregado en el primer aliento de la humanidad que fue ramificándose como un bello y sólido árbol desde cuyas ramas hizo su nido la poesía, la poesía que dio ritmo y armonía a la numerosa palabra. Sí, mis amigos y yo formamos ese club de recuerdos que no pertenecen a ninguna moda, somos páginas de una historia que otros vivieron en un mundo que aún existe pero modificado, no mejor ni peor que el otro, simplemente diferente, con más avances pero también con más secretos, más acelerado, pero menos reflexivo, más cómodo, pero menos alegre; antes podíamos imaginarnos una luna de queso y escribir sobre ella, ahora nos muestran sus imágenes y nos conformamos, ¿por qué? ¿acaso puede una imagen abarcar todo el satélite y cortar de un tajo toda especulación? Bueno, mis amigos y yo no tenemos la capacidad de refutar, poseemos cada quien algo específico, pero el cerebro humano está vivo y es capaz no solo de refutar sino de llegar a conclusiones, replantear, meditar y hacer modificaciones en su criterio.

Somos un club de narradores, de historiadores, de poetas, de  científicos y de psicólogos condenados a callar, muchos ni siquiera han salido de aquí, no han tenido un solo visitante que se fije en ellos y los invite a hablar, pero no les importa y no porque sean insensibles sino porque están conscientes de su condición, saben que la oportunidad podría no llegar y el tiempo solo los deteriora un poco más.

Somos el club de los olvidados, los que no hemos visto la luz desde hace tanto que nuestra piel se ha vuelto amarillenta, somos los recolectores ignorados de memorias que alguna vez quisieron ser eternas, añoramos los ojos que nos miraban expectantes, listos para paladear nuestras palabras, nuestros nombres permanecen en el anonimato de estantes polvorientos y cuando el último de nuestros cuidadores no regrese seremos festín de la polilla, somos el imperio del saber que ha llegado a su ocaso.

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Comentarios1

  • Una voz

    Creo que pecas en algo, cerrar el pensamiento, lo resumo así:

    La poesia es: pensar lo que sentimos, sentir lo que pensamos.

    Dios te bendiga.



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