El romanticismo no murió, lo confundieron

Elsincabeza

Hay algo que hace mucho tiempo me da vueltas en la cabeza.

 

Escucho constantemente que el romanticismo está muriendo, que ya nadie escribe cartas, que ya nadie dedica canciones, que ya nadie regala flores porque sí. Pero creo que el problema no es que el romanticismo haya desaparecido. Creo que lo que desapareció fue el significado que tenía.

 

Hoy muchas veces el cariño parece haberse convertido en una lista de obligaciones. Si no hiciste esto, está mal. Si no compraste aquello, no pensaste en mí. Si no publicaste una foto, no me amás. El amor dejó de ser un idioma para convertirse en una evaluación constante.

 

Y eso, para mí, le hace un daño enorme a una de las cosas más lindas que existen.

 

Porque el romanticismo nunca fue el valor de un regalo, ni la cantidad de flores, ni una cena cara. El romanticismo es acordarte de alguien cuando nadie te obliga. Es escribir unas palabras porque no te entran en el pecho. Es mirar a una persona y pensar: "qué suerte tengo". Es hacer algo simplemente porque verla sonreír ya es suficiente recompensa.

 

El romanticismo no espera un aplauso. No lleva una factura para cobrar después. No nace del compromiso, nace del corazón.

 

Por eso me cuesta decir que soy romántico.

 

Mi pareja siempre me dice que sí lo soy. Y tal vez tenga razón. Pero a mí no me gusta esa palabra, no porque tenga algo malo, sino porque siento que la sociedad la desgastó. La llenó de expectativas, de reproches y de condiciones. La convirtió en una etiqueta que muchas personas usan para exigir, cuando en realidad debería ser una forma libre de demostrar amor.

 

Yo no siento que sea romántico.

 

Siento que simplemente soy honesto con lo que siento.

 

Si escribo, es porque las palabras me sobran cuando pienso en ella. Si regalo algo, es porque vi un detalle que me hizo recordarla. Si abrazo, beso, acompaño o escucho, no es para que después me devuelvan el gesto. Lo hago porque quiero. Porque nace de mí. Porque amar, para mí, nunca fue una inversión esperando ganancias.

 

Y quizás eso sea el romanticismo de verdad.

 

Uno que no hace cuentas.

 

Uno que no exige.

 

Uno que no reclama lo que dio.

 

Uno que simplemente existe porque el amor encontró una forma de salir del pecho.

 

Capaz el romanticismo no está muerto.

 

Capaz todavía vive en las personas que aman sin hacer ruido. En quienes todavía escriben aunque nadie lo pida. En quienes siguen creyendo que un gesto pequeño vale más que una obligación enorme.

 

Y si eso es ser romántico...

 

Entonces tal vez toda mi vida confundí la palabra.

 

Porque yo no quiero pertenecer al romanticismo que exige.

 

Quiero pertenecer al que siente.

Comentarios +

Comentarios1

  • Gabriel Aranda

    MUY SENTIDAS PALABRAS.ME GUSTAN.Un abrazo fuerte.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.