A usted, señor

Nihiloet

  Lector… a usted le gusto. Le gusto porque me muestro desnudo ante usted con la sinceridad de la música de mis versos, porque soy el hombre de su tiempo que se digna a ser sincero consigo mismo y con los demás ante la ironía y el veneno que es bombeado por nuestros corazones carbonizados, alguna vez de oro, ¿Le gusta acaso la fealdad, mi fealdad? Me regocijo con pensar que se espanta al leerme; dirá de mí «¡Este hombre está enfermo! ¡Miren cómo escribe! ¡Miren lo que dice de sí mismo y del mundo en que vive!» o «¡Ay! Prefiero leer sobre flores, soles, lunas y doncellas inmaculadas» o «Me gusta las historias de esfuerzo y sobre la fuerza ¡Me gusta la impetuosidad!» o «Eres un monstruo que no tiene lugar en esta tierra». Si me hubiera hecho monstruo, no estaría escribiendo, no sería un poeta, no hubiera elegido este camino ¡Si fuera un monstruo, tendría una vida realmente; tendría cosas, dinero y mujeres, hasta hijos! ¡Hubiera conseguido algo!

 

  Lector… soy un nihilista, orgullosamente nihilista. Pero un nihilista más maduro y más verdadero, no uno infantil. No tengo fe, mucho menos en las clarividencias actuales que ni se esfuerzan por ser originales. Opto por la verdad, incluso si me lo tengo que decir a mí mismo ¡Y he podido encontrar la paz! Clamaron su filosofía no como filósofos, sino como fanáticos ¡Clamen, clamen sus ideas y vean delante de sus ojos cómo niños, mujeres y ancianos mueren! ¡Incluso los fuertes! ¿Les da vergüenza ver los muertos? ¡Ustedes los provocaron! Vinieron gritando con sus ideas, se fueron tranquilos tras dejar un cementerio. Soy el que ama la vida, el que quiere la verdad. Ustedes son los que odian la vida y se enclaustraron en sus creencias e ideas. La pasividad con que miran su desastre, es más horrorosa que el nihilismo mismo. Trajeron eslóganes, dilemas y frases sacadas de su fantasía pobre y la dieron por lógica magra. Tienen un dios, pero no es el dios cristiano necesariamente, es un simple mortal dado por profeta, visto así por hombres empequeñecidos. Niegan que sea así cuando se arrodillan y lo ovacionan, no sé qué es entonces.

 

  Lector… a usted lo observo con semblante serio porque me ha matado la risa por su condición prescindible. Satán Trismegisto está orgulloso de ustedes; su éxito fue impecable y ni siquiera sudó. Ni siquiera se molesta en esconder sus pecados, pero sí que se molesta en tratar de maquillarlos como pueda. No se preocupe, yo también soy un hombre de su tiempo. Soy el alquitrán que lo engulle y no quiere que descanse cuando canto. Nuestra casa común respira vida y, cuando exhala, brotan los cadáveres centenarios y milenarios. La espada, la soga, el hacha, el puñal, la bala atravesando el cráneo, el maltrato, los traumas, la injusticia, el descaro, el robo, el hurto, la prostituta, el drogadicto, el traficante, el sicario, el niño criminal, están incrustados en estos espectros, que nos recuerdan, que nunca en nuestros espíritus tuvimos realmente la osadía de estar en contra de aquello.

 

  Lector… usted siempre grita «¡Fuerza!», que es el grito de los débiles y los inválidos conscientes del atributo que les falta. Gritarlo no hará que su ídolo se lo otorgue, ni que su alma se transmute en otra diferente y más fuerte. Aspira a ser un humano fervoroso, pero quieto, bonito y apreciado como el oro; débil, manejable y dócil ante el calor. Cuando se ensucia, corre desesperado para arrodillarse a que lo limpien; si ello es necesario, pagar con mentiras y confesiones ridículas. El soldado dorado que no puede vivir.

 

  Lector… Soy un hombre de su tiempo. Consumo el veneno que me mata poco a poco, pero lo ignoro aun cuando sea consciente de él. Más vale distraerse que detenerse y tomar conciencia; el poder se me escurre de entre mis dedos y mi cuerpo como para controlar mi vida y tomar decisiones. Lanzo una moneda y unos dados sobre una mesa para ver qué me puede tocar a la mañana siguiente; se dice que tienen poderes de otro mundo. De un mundo más perfecto que este. Imaginarme que puedo tener algo es el mejor escudo y remedio de estos tiempos.

 

  Lector… yo soy usted, usted es yo. Soy su espejo, soy su sombra, soy la acumulación de su imagen. Cargo en mis hombros las mil mentiras que las hago las mil verdades de la vida, y las digo en frases de motivación. Me creo ser una fiera, cuando en realidad soy un gatito que ronronea cuando mi jefe está cerca de mí. Me pavoneo como el bastardo redomado que soy, alardeando de lo que no tengo y de lo que aspiro sin tenerlo en mis manos. Es mi actitud impenitente de la que no me avergüenzo. Soy alguien concienzudo, pero como a todo el mundo le da igual lo que suceda y no sabe cómo está empedrado el camino, me convertí en un mudo. Grito, aunque no lo parezca, en las palabras que usted está leyendo, esperanzado de que las pueda entender; esperanzado de que lo pueda lastimar y así aprender.

 

  Lector… soy bueno, el hombre bueno, el gentil, el bienaventurado que le dio la mano en el camino, el grande, el mismísimo, el bienpensante. Nací con mi propio bien y con mi propio mal en el mundo donde los hombres se ahogan con los demás hombres buscando las almas impolutas. Buscan a la virgen para conservarla como un adorno y al santo como un mero método aspiracional de sus tropos. Gustan de las historias de bien y mal, pronunciadas por los supuestos lúcidos que cuentan cómo lo encontraron en los corazones de los demás; mientras tanto, son los primeros en correr horrorizados cuando alguien expone su naturaleza, la naturaleza dual del hombre. El paradigma carcelario, el panóptico angustioso que tiene a todo el mundo buscando el bien y el mal en lo ajeno. Como no lo pueden hallar en sus interiores, no tienen otro dilema.

 

  Lector… soy los ojos que quieren ver más allá de la superficie. Los pecados testarudos de esta era bastardeada no lo hacen mejor que yo. Mi final vendrá cuando, siendo yo un payaso, les avise que el teatro se está incendiando en plena presentación y ustedes solo se reirán; nuestro fin vendrá en forma de algo absurdo, más fuerte que un estruendo; nuestras voces se apagarán.

  • Autor: Nihiloet (Offline Offline)
  • Publicado: 22 de julio de 2026 a las 20:15
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 11
  • Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.


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