Raboni

Yamila Perez

Aquella mujer seguía los pasos del carpintero

Le gustaba su discurso, era un discurso sincero

Había un mensaje sano, muy profundo y certero

Que cambiaba corazones a su paso por el pueblo

 

Diligente le servía, escuchaba sus consejos

Ella fue reivindicada por el santo Nazareno

Siete demonios tenía que Jesús sacó de su cuerpo

Al quedar libre de ellos, agradecía al maestro

 

Eran muchas las mujeres que al gran líder perseguían

Buscando palabra buena, o consuelo a su agonía

Pero María escogía la mejor parte sorprendida

Había sido sanada de tormentos en su vida

 

Cuando oyó que a su maestro, en una cruz clavarían

Presurosa salió a su encuentro, junto a otras lo veían

Lloraban por el castigo que aquel hombre recibía

Lloraban porque sabían que era la luz y la guía

 

 

 

Magdalena fue testigo del martirio y la agonía

Ella escuchó del perdón que aquel santo ofrecía

Pudo ver sus ojos tristes, vio la entrega de su aliento

Sintió su mundo caer al ver a aquel hombre muerto

 

Preparó de sus especies para ungir a su maestro

Corrió temprano al sepulcro, era un domingo perfecto

No sabia que aquel hombre que declararon ya muerto

Había vencido la tumba con poder del Padre eterno

 

Muy confundida llorando corrió donde Juan y Pedro

Fue a darles la noticia de aquel inesperado evento

Al sepulcro se acercaron, vieron los lienzos bien puestos

Entendieron el mensaje, volvieron al aposento

 

Pero María lloraba, seguía su gran lamento

Entró al sepulcro y vinieron dos angeles a su encuentro

Aquel Dios ya preparaba el camino del encuentro

Por qué lloras preguntaron a la sierva desde lejos

 

Ella respondió segura, se han llevado a mi maestro

Se han llevado al faro mío y no se dónde lo han puesto

Entonces sintió algo y al voltearse vio un reflejo

Pensó que era el hortelano y preguntó: ¿Dónde lo han puesto?

¡María! dijo aquel hombre, aquel, que estaba antes muerto

Al escucharlo, un frío recorrió todo su cuerpo

¡Raboni! Qué te ha pasado exclamó con desespero

Quiero abrazarte, tocarte, saber que estoy en lo cierto

 

No te acerques, no me toques, aún no ha llegado mi tiempo

Ve a los hermanos y cuenta, diles que suban al huerto

Yo subiré a mi Padre que es su Padre por decreto

Es mi Dios, el mismo Dios que también es el Dios vuestro

 

María siempre obediente dio las nuevas de este suceso

Todos se regocijaron de escuchar aquel argumento

Hasta hoy la misma historia sigue causando aspaviento

Revolucionó a dos mundos, cambia vidas y cimientos

 

Si el te llama por tu nombre, qué le vas a responder

María dijo:  ¡Raboni! tú, asegúrate de serle fiel

El conoce tus caminos y quiere verte vencer

Ven ahora, ven rendido, El cambiará todo tu ser.

Yamila Perez.

Derechos reservados.

Abril 2023.-

  • Autor: Yamila Perez (Offline Offline)
  • Publicado: 22 de julio de 2026 a las 15:22
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 7
  • Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez
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Comentarios1

  • alicia perez hernandez

    He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3'20 Amén!! Un gusto pasar a leer y disfrutar de tu arte poético. Saludos poeta

    • Yamila Perez

      Gracias Alicia, amén y amén. saludos.

      • Yamila Perez

        Traté de dejarte un comentario pero no está disponible en tu perfil. Me encantó tu poema "Tinta que queda, todavía queda tinta". ....Nos largamos de aquí, y en el humo del olvido seguimos escribiendo,

        para que quien lea este testamento íntimo

        sienta en su propia osamenta el peso que cargamos dentro.

        Escribimos para calmar el miedo que late adentro...



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