Aquella mujer seguía los pasos del carpintero
Le gustaba su discurso, era un discurso sincero
Había un mensaje sano, muy profundo y certero
Que cambiaba corazones a su paso por el pueblo
Diligente le servía, escuchaba sus consejos
Ella fue reivindicada por el santo Nazareno
Siete demonios tenía que Jesús sacó de su cuerpo
Al quedar libre de ellos, agradecía al maestro
Eran muchas las mujeres que al gran líder perseguían
Buscando palabra buena, o consuelo a su agonía
Pero María escogía la mejor parte sorprendida
Había sido sanada de tormentos en su vida
Cuando oyó que a su maestro, en una cruz clavarían
Presurosa salió a su encuentro, junto a otras lo veían
Lloraban por el castigo que aquel hombre recibía
Lloraban porque sabían que era la luz y la guía
Magdalena fue testigo del martirio y la agonía
Ella escuchó del perdón que aquel santo ofrecía
Pudo ver sus ojos tristes, vio la entrega de su aliento
Sintió su mundo caer al ver a aquel hombre muerto
Preparó de sus especies para ungir a su maestro
Corrió temprano al sepulcro, era un domingo perfecto
No sabia que aquel hombre que declararon ya muerto
Había vencido la tumba con poder del Padre eterno
Muy confundida llorando corrió donde Juan y Pedro
Fue a darles la noticia de aquel inesperado evento
Al sepulcro se acercaron, vieron los lienzos bien puestos
Entendieron el mensaje, volvieron al aposento
Pero María lloraba, seguía su gran lamento
Entró al sepulcro y vinieron dos angeles a su encuentro
Aquel Dios ya preparaba el camino del encuentro
Por qué lloras preguntaron a la sierva desde lejos
Ella respondió segura, se han llevado a mi maestro
Se han llevado al faro mío y no se dónde lo han puesto
Entonces sintió algo y al voltearse vio un reflejo
Pensó que era el hortelano y preguntó: ¿Dónde lo han puesto?
¡María! dijo aquel hombre, aquel, que estaba antes muerto
Al escucharlo, un frío recorrió todo su cuerpo
¡Raboni! Qué te ha pasado exclamó con desespero
Quiero abrazarte, tocarte, saber que estoy en lo cierto
No te acerques, no me toques, aún no ha llegado mi tiempo
Ve a los hermanos y cuenta, diles que suban al huerto
Yo subiré a mi Padre que es su Padre por decreto
Es mi Dios, el mismo Dios que también es el Dios vuestro
María siempre obediente dio las nuevas de este suceso
Todos se regocijaron de escuchar aquel argumento
Hasta hoy la misma historia sigue causando aspaviento
Revolucionó a dos mundos, cambia vidas y cimientos
Si el te llama por tu nombre, qué le vas a responder
María dijo: ¡Raboni! tú, asegúrate de serle fiel
El conoce tus caminos y quiere verte vencer
Ven ahora, ven rendido, El cambiará todo tu ser.
Yamila Perez.
Derechos reservados.
Abril 2023.-
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Autor:
Yamila Perez (
Offline) - Publicado: 22 de julio de 2026 a las 15:22
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3'20 Amén!! Un gusto pasar a leer y disfrutar de tu arte poético. Saludos poeta
Gracias Alicia, amén y amén. saludos.
Traté de dejarte un comentario pero no está disponible en tu perfil. Me encantó tu poema "Tinta que queda, todavía queda tinta". ....Nos largamos de aquí, y en el humo del olvido seguimos escribiendo,
para que quien lea este testamento íntimo
sienta en su propia osamenta el peso que cargamos dentro.
Escribimos para calmar el miedo que late adentro...
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