Antes de volver a ser yo

Elsincabeza

Hubo un tiempo en el que vivir se parecía más a sobrevivir.

 

 

Mis días no eran necesariamente malos, pero mi cabeza tenía la costumbre de convertir cualquier silencio en una tormenta. Pensaba demasiado. Dudaba demasiado. Me exigía demasiado. Era como si estuviera atrapado dentro de mí mismo, convencido de que podía resolver todo solo, cuando en realidad cada intento me hundía un poco más.

 

 

Y uno se acostumbra al pozo.

 

 

Se acostumbra tanto que deja de mirar hacia arriba. Cree que la oscuridad es el paisaje definitivo. Que la ansiedad, el miedo y el cansancio son simplemente la forma en la que le tocó vivir.

 

 

Hasta que un día entendí algo muy simple: nadie puede ayudar a quien mantiene la puerta cerrada.

 

 

Mi familia estuvo ahí incluso cuando yo apenas podía verlo. Mis amigos aparecieron una y otra vez, aun cuando yo respondía con un "estoy bien" que nunca significaba realmente eso. Y el amor llegó para demostrarme que había alguien capaz de abrazar incluso las partes de mí que yo no soportaba.

 

 

Pero, por más importante que haya sido cada una de esas personas, hubo una decisión que cambió todo.

 

 

La mía.

 

 

Decidí dejarme ayudar.

 

 

Puede sonar pequeño, pero fue la diferencia entre seguir hundiéndome o empezar a subir. Dejé de creer que pedir una mano era una derrota. Dejé de pensar que tenía que cargar el mundo sobre mis hombros para demostrar algo. Entendí que ser fuerte también significa aceptar que, a veces, uno necesita a los demás.

 

 

Y desde ese momento empecé a cambiar.

No de golpe. No hubo un milagro ni un día en el que todo desapareció. Hubo pequeños pasos. Días buenos. Días difíciles. Pero también hubo algo que hacía mucho no sentía: esperanza.

 

 

Hoy mi cabeza ya no me castiga tanto.

 

 

Ya no vivo buscando problemas donde no los hay. Ya no dejo que cada pensamiento se convierta en una sentencia. Aprendí que no todo merece una batalla y que, muchas veces, la paz aparece cuando dejamos de pelear contra nosotros mismos.

 

 

Curiosamente, me siento menos esclavo de mis propios pensamientos y mucho más libre de vivir.

 

 

Y eso me encanta.

 

 

Me encanta descubrir que puedo disfrutar un momento sin arruinarlo imaginando cómo podría salir mal. Me encanta reír sin culpa. Me encanta volver a emocionarme por cosas simples. Me encanta sentir que el peso ya no es insoportable.

 

 

No porque la vida sea perfecta.

 

 

Sino porque entendí que yo no tengo que ser perfecto para merecer vivirla.

 

 

Hoy sigo teniendo miedos. Sigo equivocándome. Sigo aprendiendo. Pero ya no camino solo, y tampoco quiero volver a hacerlo.

 

 

Gracias a mi familia por sostenerme cuando ni yo sabía cómo hacerlo.

 

 

Gracias a mis amigos por quedarse.

 

 

Gracias a la persona que amo por recordarme, con paciencia y cariño, que incluso en mis peores días sigo siendo alguien digno de ser querido.

 

 

Y gracias a mí.

 

 

Porque el paso más difícil no fue salir del pozo.

Fue aceptar que merecía salir de él.

 

 

Hoy miro hacia atrás y apenas reconozco a la persona que vivía atrapada entre sus propios pensamientos. No la rechazo; la abrazo.

 

 

Porque gracias a esa versión entendí el valor de esta.

 

 

Hoy no celebro ser invencible.

 

 

Celebro algo mucho más importante.

 

 

Celebro haber vuelto a elegir la vida, haber vuelto a elegirme a mí mismo y haber descubierto que, cuando uno se permite recibir ayuda, también empieza a descubrir la mejor versión de quien siempre fue capaz de ser.

  • Autor: Elsincabeza (Offline Offline)
  • Publicado: 22 de julio de 2026 a las 13:01
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 4
  • Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez
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Comentarios1

  • Elsincabeza

    Este poema lo escribo ya que viví muchas cosas las cuales me dificultar en vivir tranquilo, y lo publicó para ayudar a la gente en mi misma situación



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