Espera

Stephyy

Casi todo el mundo ama...
con el termómetro en la mano.

—Espera ahí un momento...
Se tragan una calculadora para medir las pausas,
se inyectan tutorías en las venas, se cosen la piel con un chaleco antibalas.

—Espera ahí un segundito...
Les crece una coraza de hierro desde los huesos,
se les congela la sangre hasta volverse hielo por dentro.

—Espérame tantito...
Pisan el terreno con botas que echan raíces,
se tapan la voz con guantes para el invierno.

—Espera... ¿Cómo lo pude olvidar?

Se fundieron por completo...
y les quedó el alma de acero.

Y ahí se quedan, mirando el vacío, preguntándose a sí mismos

—¿Cuánto más espero?

—¿Será seguro salir todavía?

—Espérame otro ratito...



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