Yo soy la justicia
Me llaman Justicia.
Dicen que nací
del derecho,
de la ley,
del antiguo sueño
de que ningún hombre
temiera al poder
ni ninguna mujer
llorara por falta de verdad.
Pero cuántos crímenes
han pronunciado mi nombre.
Cuántas sentencias
han usado mi rostro
para esconder la codicia,
el miedo,
la obediencia
y el privilegio.
Me vistieron con una venda
como si la imparcialidad
consistiera en no mirar.
¡Qué inmenso engaño!
No necesito ser ciega.
Necesito ver
más lejos que los expedientes,
más hondo que los códigos,
más allá
de las palabras escritas
por quienes confundieron
la ley
con el poder.
Porque el juez que no mira
termina viendo
solo lo que otros le permiten.
Y entonces
la ley se vuelve un embudo.
Por su cuello estrecho
pasa el pobre,
el campesino,
el obrero,
el indígena,
el niño sin apellido,
la mujer sin defensa.
Los poderosos,
en cambio,
escapan por la boca ancha
de los privilegios.
Siempre encuentran
una firma,
una influencia,
una puerta secreta,
un silencio comprado.
No.
No quiero esa ceguera.
Quiero mirar
con los ojos abiertos
y con mi nombre
grabado en la conciencia.
Quiero reconocer
el rostro verdadero
del culpable.
Quiero distinguir
al ladrón vestido de honorable,
al corrupto escondido
tras una bandera,
al verdugo
que predica la paz,
al mercader
que comercia con el hambre
y luego dona limosnas
para comprar el perdón.
Desde que el hombre
aprendió a dominar a otro hombre,
me ha usado
como herramienta
de su conveniencia.
Ha escrito leyes
para defender sus riquezas
y ha olvidado escribir
las que defienden
la dignidad.
Porque me cubrieron los ojos,
Pilato encontró
agua suficiente
para lavarse las manos.
Y un inocente
subió al madero
mientras la multitud
confundía la justicia
con la obediencia.
Porque me vendaron,
ardieron mujeres
acusadas de brujería,
mientras la ignorancia
rezaba sobre sus cenizas.
Porque sigo ciega,
millones de niños
se duermen abrazando el hambre
mientras los graneros rebosan.
Porque sigo ciega,
la guerra encuentra abogados,
los dictadores encuentran jueces,
la corrupción encuentra decretos,
y la mentira
encuentra siempre
un artículo dispuesto
a protegerla.
Mientras tanto,
la verdad
espera descalza
en la puerta del tribunal.
No.
No quiero ser
la estatua inmóvil
que adorna los palacios.
Quiero bajar de mi pedestal.
Caminar entre el pueblo.
Escuchar
a quien nunca fue escuchado.
Llorar
con quien nunca fue defendido.
Levantar
a quien la ley dejó caer.
Porque la justicia
no nació
para proteger el orden
cuando ese orden
es la máscara
de la injusticia.
Nació
para romper las cadenas
del abuso.
Para devolver
el nombre
a los olvidados.
Para recordar
que ninguna ley
merece llamarse justa
si humilla al débil
y acaricia al poderoso.
Quítenme esta venda.
No quiero una oscuridad
que favorezca al crimen.
Quiero unos ojos
que distingan
la verdad
del interés.
Quiero una mirada
que no tiemble
frente al dinero,
ni incline la cabeza
ante el poder.
Yo soy la Justicia.
No quiero seguir
siendo el refugio
de quienes me utilizan.
Quiero ser
la conciencia despierta
de la humanidad.
Quítenme la venda.
Solo así
podré señalar,
sin miedo y sin privilegios,
a los verdaderos culpables.
—Luis Barreda/LAB
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 21 de julio de 2026 a las 01:29
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio_cuello

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