En la cueva del pecho donde el tiempo reposa, guardamos la luz como quien guarda el rocío, pero el hombre es un ave de presa ambiciosa que busca el invierno en mitad del estío.
Somos expertos en tejer la ausencia, en construir barrotes de duda y de olvido; la ansiedad es el peso de nuestra conciencia, un eco constante de lo no cumplido.
Robamos al día su paz más sencilla para verterla en el cántaro roto del mañana; el deseo es un fuego que nos maravilla, pero es el clamor que nos deja la calma vana.
¿Por qué este empeño de buscarle grietas al cristal del frente? Somos navegantes con rutas inquietas que huyen del puerto, buscando la fuente.
Despojamos al alma de su propia casa, desafiando el sosiego con mano de hierro; y así, entre el ruido que el ansia repasa, perdemos la dicha en nuestro propio encierro.
La felicidad, ese pájaro esquivo, no se deja atrapar por la red del querer, es solo el susurro de estar todavía vivo mientras el mundo nos deja aprender.
© 2026 Oney ✒️
-
Autor:
Oney ✒️ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de julio de 2026 a las 23:05
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 15
- Usuarios favoritos de este poema: Santiago Alboherna, alicia perez hernandez, **~EMYZAG~**, Éusoj Nidlaj, Salvador Santoyo Sánchez, Begoña Varona (antes Nelaery)

Offline)
Comentarios1
somos navegantes ansiosos, si ...
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.