El Silencio del Acero

MatiasEmmanuel

El humo gris espesa la penumbra, el vaso guarda el último licor.

Ya no hay un solo faro que me alumbra, tan solo un eco sordo del dolor.

La vida es un reloj que no me importa, un peso absurdo, un cuarto sin pared.

La noche se hace larga, la fe corta, y el humo no me quita esta sed.

 

A un lado, el frío tacto del acero, el arma que me mira y me comprende.

Es el boleto al sueño que prefiero, el único silencio que no miente.

No es rabia, es un cansancio en los tendones, promesa de una paz que no fracasa.

Qué fácil es saltarse los renglones cuando el vacío es dueño de la casa.

 

Me pregunto si alguien notará mi ausencia, si el mundo frenará por un segundo.

Tal vez un par de rostros, por decencia, digan que fui buen tipo en lo profundo.

Pero mañana el viento soplará de nuevo, el bar abrirá igual, la calle intacta.

Mi nombre será polvo que me llevo, una memoria frágil e inexacta.

 

No busco dar lecciones ni hacer ruido, el pucho entre los dedos se consume.

Estoy cansado de buscar sentido, de arrastrar este cuerpo que me abruma.

El vaso está vacío, el arma lista, y el corazón suplica no andar más.

Quiero borrarme al fin de toda lista, cerrar los ojos, irme... y descansar.

Comentarios +

Comentarios1

  • Nataly Olarte

    Muy buena prosa, melancólica, profunda e impecablemente escrita.



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