Dulce es la lluvia sobre el llano ardido,
lluvia iluminada que el cielo desgaja;
baja como un ruego sobre el campo herido,
mientras la criatura su frente relaja.
Fresca es la hierba que abraza el dulzor,
verde pañal que a la tierra sostiene;
jardines benditos de aroma y calor,
donde tu planta divina va y viene.
Caminas descalzo bajo el sol de enero,
bendiciendo el suelo que besa tu andar;
cada huerto abierto es un paradero
donde el alma viva se vuelve a saciar.
¡Soy luz de los cielos, soy cada mañana!
Vengo desde el viento de la montaña,
vengo desde el sol que los campos aplanan,
criatura de fuego, de siembra y de espera.
Bendigo la vida, bendigo el sustento,
el gajo de sombra, la espiga y el pan;
bendigo el milagro de este nacimiento
que borra los lutos y el viejo afán.
Cada amanecer que la noche ha vencido
vuelve a ser el día que el Padre talló;
el primer matiz que el mundo ha tenido,
cuando la Creación su canto empezó.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de julio de 2026 a las 13:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 20
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, ElidethAbreu, Mauro Enrique Lopez Z., Mª Pilar Luna Calvo, Texi, Nataly Olarte, alicia perez hernandez, El desalmado

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