La masa de forjado
La primera luz encuentra la misma dureza en cien portales distintos. Hay un rozamiento idéntico en el cuero de los zapatos que bajan los peldaños, un eco que se suma en el hormigón de los pasos subterráneos antes de que se abran las compuertas. Nadie se mira a los ojos, pero todos guardan el mismo frío en la boca del estómago.
En los vagones, los cuerpos se sostienen por el movimiento de la máquina, suspendidos en una inercia común. El temblor no pertenece a nadie; se reparte en las manos que se aferran a la barra metálica, en los hombros que ceden cuando el freno muerde la vía. Un solo cansancio inclina las cabezas hacia el cristal oscuro.
Al caer la tarde, se encienden las ventanas de las fachadas. Detrás de cada cuadrado de vidrio, el mismo agua hierve en los cacharros, el mismo interruptor corta la corriente y los cuerpos se acuestan del lado donde el colchón está vencido.
La red de alta tensión.
El colector bajo el asfalto.
La cornisa de los tejados.
Antonio Portillo Spinola ©
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de julio de 2026 a las 09:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, alicia perez hernandez

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.