La cuna de madera
ya tiene su calor,
una nueva mirada
que brilla con amor.
La vida abre sus alas,
el llanto es un cantar,
un lucero en la noche
que empieza a despertar.
La casa se ilumina
con un silencio puro,
y un murmullo pequeño
señala hacia el futuro.
Las sombras se retiran
al paso de su aliento,
y el mundo se acomoda
al ritmo de su tiempo.
Así crece la vida
sin prisa y sin temor,
como un brote que asoma
buscando luz y sol.
Y en cada madrugada
su voz vuelve a nacer,
un canto que recuerda
que todo puede ser.
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Autor:
Juan Roldan (
Offline) - Publicado: 19 de julio de 2026 a las 04:21
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Salva45, Mauro Enrique Lopez Z.

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