EL ARBOL DE LA VIDA

ENRIQUE HORNA

Mi respirar esta tributando a la vida

Hecha de troncos, ramas y hojas vivientes

Observando al sol en su lejanía

Para amanecer en cada instante de la creación

Cosmogonía visual de los pasajes remotos

Donde el nutriente de la existencia florece.

 

La luna vistiendo su asomo

Como un sueño luminoso del firmamento

Aquel espejismo del infinito

Finito en la melancolía del universo

Razón y misterio de la evolución.

 

Mi árbol y su quietud

Proyectando la sombra existencial

Acogiendo las semillas procreadoras

Del viento, el agua y la tierra

Sin la doliente soledad de los angustiados  

Reclamando una justificación para todo.

 

Los pájaros entonan sus cantos

Ofreciendo sus alegrías al silencio

Aquel rato donde la ilusión es un celeste

Esperando que el horizonte no cese su esperanza.

 

Murmura la noche su plenitud

Los cuerpos duermen

Descansan su sangre y huesos

Entretejidos a la piel del espíritu

Aliento cercano a lo divino.

 

La humanidad no es huida

Del dolor mismo de sentirla

Siempre transita en medio de la aridez

De la multitud y sus altisonantes voces

Circulando en cada átomo del ser.

 

Moléculas invisibles que no son ausencia

Energía de las estrellas

Luz aprisionada para transformar

La espera del aire en masa

Venida del cielo y no del suelo

Proceso cósmico del vacío y solido

Convertida en grano que no me pertenece.

 

El árbol de la vida

Del antes, del hoy y del después

Contemplando el azul infinito del océano

El alma silente de lo creado

La piedra sin tiempo, sin noche, ni día.

 

EH                                                       

 



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