Nadie sabía
de dónde venía.
Aparecía al amanecer
sobre la rama más antigua del viento,
cuando la luz
todavía estaba aprendiendo
el idioma de las hojas.
Era un pájaro extraño.
Con cada estación
sus plumas recuperaban
el color del primer vuelo.
Sus ojos,
en lugar de apagarse,
se volvían cada día
más semejantes
a la sorpresa.
No caminaba hacia el ocaso.
Retrocedía lentamente
hasta la aurora.
Mientras todos contábamos los años
como quien suma piedras,
él los desataba
uno por uno,
como si el tiempo
fuera apenas un nudo
en la garganta del cielo.
Una mañana
perdió la última pluma.
No cayó.
Se transformó
en un pequeño resplandor
que apenas pesaba
lo que pesa
un recuerdo
antes de convertirse
en esperanza.
Después desapareció el canto.
Desaparecieron las alas.
Desapareció el vuelo.
Y, sin embargo,
el aire
continuó pronunciando
su nombre invisible.
Lo busqué
entre los árboles,
en la respiración del polvo,
en el río
que todavía soñaba con la lluvia.
Lo encontré
dentro de un huevo
tan transparente
que dejaba ver
el latido de la mañana.
No contenía un ave.
Contenía
la paciencia del comienzo.
Entonces comprendí
que hay criaturas
que no envejecen
para acercarse a la noche,
sino para volver
al instante limpio
en que todo
era todavía posible.
Desde aquel día,
cuando una hoja cae,
no pienso en el otoño.
Pienso
que quizá el universo entero
está aprendiendo,
con infinita ternura,
el difícil arte
de regresar
a su primera inocencia.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
-
Autor:
Rosa Maria Reeder (
Offline) - Publicado: 19 de julio de 2026 a las 01:43
- Comentario del autor sobre el poema: “Hay criaturas que no nacen para aprender a volar, sino para enseñar al tiempo el camino de regreso.”
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Gabriel Aranda, Salvador Santoyo Sánchez, Nelly Cevallos - Liora, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios2
Tierno poema.Gracias por escribir.
Rosa María:
Has construido una parábola poética de gran belleza, donde el tiempo deja de ser una línea para convertirse en un regreso. La imagen de ese pájaro que envejece hacia el huevo sostiene todo el poema con una coherencia admirable y encuentra su plenitud en un desenlace que transforma el origen en destino. Me conmovió la naturalidad con la que imágenes como la rama más antigua del viento, la paciencia del comienzo o el aire continuó pronunciando su nombre invisible se integran en una misma respiración poética. El cierre abre una reflexión luminosa: la posibilidad de que la verdadera madurez consista en recuperar la inocencia primera, sin perder la hondura del camino recorrido.
Un abrazo.
— LIORA
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