El pájaro que envejecía hacia el huevo

Rosa Maria Reeder

Nadie sabía
de dónde venía.

Aparecía al amanecer
sobre la rama más antigua del viento,
cuando la luz
todavía estaba aprendiendo
el idioma de las hojas.

Era un pájaro extraño.

Con cada estación
sus plumas recuperaban
el color del primer vuelo.

Sus ojos,
en lugar de apagarse,
se volvían cada día
más semejantes
a la sorpresa.

No caminaba hacia el ocaso.

Retrocedía lentamente
hasta la aurora.

Mientras todos contábamos los años
como quien suma piedras,

él los desataba
uno por uno,

como si el tiempo
fuera apenas un nudo
en la garganta del cielo.

Una mañana
perdió la última pluma.

No cayó.

Se transformó
en un pequeño resplandor
que apenas pesaba
lo que pesa
un recuerdo
antes de convertirse
en esperanza.

Después desapareció el canto.

Desaparecieron las alas.

Desapareció el vuelo.

Y, sin embargo,

el aire
continuó pronunciando
su nombre invisible.

Lo busqué
entre los árboles,
en la respiración del polvo,
en el río
que todavía soñaba con la lluvia.

Lo encontré

dentro de un huevo
tan transparente
que dejaba ver
el latido de la mañana.

No contenía un ave.

Contenía
la paciencia del comienzo.

Entonces comprendí
que hay criaturas
que no envejecen
para acercarse a la noche,

sino para volver
al instante limpio
en que todo
era todavía posible.

Desde aquel día,

cuando una hoja cae,
no pienso en el otoño.

Pienso
que quizá el universo entero

está aprendiendo,

con infinita ternura,

el difícil arte

de regresar

a su primera inocencia.

Rosa María Reeder

Derechos Reservados 

Comentarios +

Comentarios2

  • Gabriel Aranda

    Tierno poema.Gracias por escribir.

  • Nelly Cevallos - Liora

    Rosa María:

    Has construido una parábola poética de gran belleza, donde el tiempo deja de ser una línea para convertirse en un regreso. La imagen de ese pájaro que envejece hacia el huevo sostiene todo el poema con una coherencia admirable y encuentra su plenitud en un desenlace que transforma el origen en destino. Me conmovió la naturalidad con la que imágenes como la rama más antigua del viento, la paciencia del comienzo o el aire continuó pronunciando su nombre invisible se integran en una misma respiración poética. El cierre abre una reflexión luminosa: la posibilidad de que la verdadera madurez consista en recuperar la inocencia primera, sin perder la hondura del camino recorrido.

    Un abrazo.

    — LIORA



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