Las calles cambian de rostro
por las noches,
su vientre es un desierto,
su mirada una herida.
Sangra las calles,
llenas de polvo y sueños;
lenguas extranjeras forjan
su imagen.
Alrededor mío
se ha acabado mi linaje:
es para el mejor postor
para quien es de fuego y luz.
Para los de maíz
solo somos restos de historia,
nada nos pertenece más
que nuestra voz.
Sangra la gloria,
llena de prejuicios;
si llegan del norte
se abren los pétalos,
si somos de aquí
se nos muestra la espina.
Aquí estamos recogiendo migajas
luchando en contra del viento
buscando semillas bajo el asfalto.
Moriremos sin conocer el sabor
de la vida,
y dejaremos huellas ocultas bajo
los huesos.
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Autor:
David Pech (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de julio de 2026 a las 00:38
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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