Y al verte aquí, conmigo,
abrazado a mí,
borracho de pena,
como si la vida
se te fuera.
En ti no había nada,
solo pobre palabra,
de esas que te pesan,
de esas que te atormentan.
Y bajo las estrellas,
fundida en tus ojos,
vi tus penas,
tu cruz
y, casi,
tu llanto.
Y al borde de la nada,
mi propio llanto.

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