Al Guadiana
Huyó sin descanso,
y huyendo permanezco.
Nazco y muero al mismo instante.
Mil soles y mil lunas
han refrescado en mí su ardiente rostro.
Me gusta, en las noches más frías,
vagar por las riberas en vapores fantasmales
y, tras los vitrales,
los frágiles mortales:
miro sus miedos, sus dolores,
escucho sus risas, sus canciones.
Esperanza y vida son mis dones;
doy calor, refugio y alimento.
He visto cien batallas enconadas;
sangre ajena ha corrido por mis venas,
y el dolor ha ceñido sobre mí sus cadenas.
He visto el caos y la armonía
danzando en perfecta sincronía.
Me gusta andar con pasos majestuosos
por prados llanos y anchurosos,
y correr entre las peñas, rumoroso;
saltar al vacío y hacerme niebla,
en mágico arco iris,
y seguir mi marcha apresurada,
pues en la marcha se cifra mi existencia:
sin ella, no soy nada.
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Autor:
Ricardo García Lozano (
Offline) - Publicado: 18 de julio de 2026 a las 14:32
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Nelly Cevallos - Liora, Mª Pilar Luna Calvo

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