No En El Nombre De Dios
El mundo sangra
bajo la sombra
de un puñado de hombres
que aprendieron a llamar destino
a la codicia.
Levantan imperios
sobre montañas de ceniza,
dibujan fronteras
con la tinta oscura de la sangre,
y llaman victoria
al silencio de los cementerios.
Ay de quienes pronuncian
el nombre de Dios
con las manos aún manchadas de guerra.
Ay de quienes convierten
los templos en fortalezas,
los altares en tribunas,
y la fe en moneda
para comprar obediencias.
No hay cielo
que bendiga la ambición.
No existe oración
capaz de purificar
el corazón que comercia
con el hambre de los pueblos,
ni himno que oculte
el llanto de los niños
bajo el estruendo de las bombas.
La paz
no nace de los cañones,
ni de los mercados
que especulan con la vida.
La justicia
no florece
en la tierra donde el oro
vale más que la dignidad humana.
La verdadera fe
no conquista,
abraza.
No humilla,
levanta.
No divide a los pueblos,
los reconoce
como ramas distintas
de un mismo árbol.
Vendrá el día
en que los poderosos
descubran que ningún trono
es más alto que la conciencia,
que ningún ejército
puede derrotar
la memoria de quienes luchan por la verdad,
y que ninguna bandera
es más sagrada
que la vida de un ser humano.
Entonces,
cuando el nombre de Dios
deje de ser bandera de conquista
y vuelva a ser refugio del humilde,
la paz dejará de ser promesa
para convertirse,
por fin,
en el pan compartido,
en la justicia sembrada,
y en la esperanza
que ningún tirano
podrá volver a conquistar.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Julio, 2025.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 17 de julio de 2026 a las 06:24
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Jaime Correa, El desalmado, Daniel Omar Cignacco

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