Cada oscura noche de invierno,
volando por el frío eterno,
buscando rastro alguno,
algún resquicio tuyo.
Viajes incesantes
por bosques abrumantes,
donde en la lejanía luces creía observar,
más nunca las pude alcanzar.
Triste imaginación soñaba
en aquel ángel que encandilaba,
que movía pesadas rocas
y juraba que todo solucionas.
Y tuve que engañarme,
en demonio transformarte,
anclar esas rocas al alma,
sellar la guarida con calma.
Al final tuve que dejar de volar,
y de noche solo caminar,
mientras cae lluvia incesante,
de esa fina y purificante,
que la mente en blanco vuelve
y mis sentimientos por ti disuelve.
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Autor:
Jabinho (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de julio de 2026 a las 01:35
- Categoría: Triste
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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