SE FUE SIN CERRAR LA PUERTA
No dejó una carta.
Ni un insulto.
Ni siquiera el ruido de un portazo.
Solo el chasquido blando de sus pasos
bajando la escalera,
como quien no quiere despertar al que ya ha muerto.
Y yo,
que no supe pedirle que se quedara
—porque tampoco sabía cómo pedir que me mataran despacio—,
seguí sentado frente al ventanal gris,
dejando que la historia se pareciera cada vez más a la tristeza.
No lloré.
No quise ese lujo.
El llanto es para los que aún esperan algo.
La casa no se inmutó,
el reloj siguió mintiendo su eternidad.
Y afuera, los vecinos siguieron
como si no supieran que acababa de irse
lo único que aún me sostenía de pie.
Algunos preguntaron por ella.
Dije lo que se dice en estos casos:
que viajó,
que está bien,
que fue todo en buenos términos.
Mentí como se aprieta una herida con la mano,
para que no se note cuánto sigue sangrando.
Mentí para no decir:
—Me dejó como se deja una jaula abierta,
porque ya no tenía miedo del mundo.
No sé si volverá.
Ni siquiera sé si quiero.
Solo sé que hay una sombra
que sigue sirviendo dos platos cada noche,
aunque uno se enfríe
y el otro me sepa a derrota.
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Autor:
Wii (SeudĂłnimo) (
Offline) - Publicado: 16 de julio de 2026 a las 23:49
- CategorĂa: Amor
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, LORENZO ARATU, Tommy Duque

Offline)
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