Rubicunda

Nicolás Alejandro Gabriel

Antonella,

mi niña amada.

 

Agraciada por la primera lumbrera,

goteo de sol en savia penetrante.

Desde la raíz hasta la corola

te alzas tierna, rubicunda.

 

Tu vigor doblega las olas,

tu pasión desata las alas.

Aljibe de óleo y de olivos,

escribiría sonatas y sonetos en tu nombre.

 

Bien amada eres:

la última moneda en el plano angular.



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