𝐂𝐑𝐄𝐄 𝐄𝐍 𝐓𝐈

ronald tadeo ramirez elizalde

Cree en ti, porque el aliento que sostiene las estrellas también habita en el silencio de tu alma.

 

No fuiste llamado a caminar entre las sombras para permanecer en ellas, sino para descubrir que, aun en la noche más profunda, llevas dentro una llama que ningún viento puede extinguir.

 

Levántate cada vez que la vida intente doblar tus rodillas. Las montañas no nacieron altas: fueron elevándose piedra sobre piedra, desafiando al tiempo con la paciencia de lo eterno. Así también se forja el espíritu de quien ha sido elegido para grandes destinos.

 

No maldigas las pruebas. Ellas son el cincel invisible que da forma a la obra maestra que aún no alcanzas a contemplar. Cada lágrima es un río que purifica; cada herida, una puerta por donde entra la luz; cada espera, un santuario donde la esperanza aprende a convertirse en certeza.

 

Cuando el mundo proclame el fracaso, escucha la voz secreta que habita en tu interior. Esa voz no conoce el miedo, porque nació antes que tus dudas y permanecerá cuando todas ellas hayan desaparecido. Es la voz del propósito, la chispa eterna que señala el camino hacia aquello para lo que fuiste creado.

 

Camina, aunque el horizonte parezca lejano. Ama, aunque el corazón haya conocido el dolor. Sueña, aunque tus manos aún estén vacías. Porque el destino no se revela a quienes esperan inmóviles, sino a quienes avanzan con fe cuando todavía no existe ninguna evidencia.

 

Y cuando llegue el día en que mires hacia atrás, comprenderás que ninguna lágrima fue inútil, que ninguna noche fue eterna y que cada paso, incluso el más incierto, te conducía hacia la luz que desde el principio llevaba escrito tu nombre.

 

Por eso, cree en ti.

 

Porque quien guarda encendida la llama de la fe termina descubriendo que el universo entero no era otra cosa que un inmenso camino dispuesto para llevarlo hasta el milagro de convertirse en quien siempre estuvo destinado a ser.

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Comentarios1

  • Una voz

    cuando yo pueda hacerme a mi mismo de la nada creeré.

    Dios le bendiga.



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