Busqué la voz detrás de la ventana,
pero solo encontré polvo y silencio;
el reloj dio las horas sin su acento
y la tarde pasó, leve y lejana.
La pluma, indiferente y casi humana,
se negó a caminar sobre el desierto
de la página en blanco, donde advierto
que hasta la luz se vuelve menos llana.
Quizá el poema está bajo la mesa,
jugando a ser un gato o una sombra,
escondido en un gesto o en la brisa.
Yo lo llamo, y la casa queda inmensa;
mientras el mundo, lentamente, nombra
todo aquello que a mí se me desliza.
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Autor:
el ojo vagabundo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de julio de 2026 a las 02:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Ana Mozas García, Gabriel Aranda, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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